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Zoellick y su superior, Condolezza Rice. AP

Robert Zoellick renunció a la Subsecretaría de Estado de EE. UU.



Washington, (AP). Con la renuncia de Robert Zoellick a su cargo de número 2 en el Departamento de Estado, América Latina puede haber perdido una voz de moderación especialmente en sus tratos con Venezuela, Brasil, Argentina y México.

Pero, también puede ver en el diplomático de 52 años la personificación de la frustrada ambición del presidente George W. Bush de concretar la idea de una América convertida en el mayor mercado libre del mundo.

Desde su nombramiento en febrero del 2005, Zoellick ha tratado de bajar el tono de la retórica de micrófono en los altos niveles de la diplomacia estadounidense, particularmente de él y la secretaria de Estado Condoleezza Rice, su mentora.

Rice debutó en el cargo calificando al presidente venezolano Hugo Chávez como una influencia negativa en Latinoamérica, en lo que se tomó inicialmente como indicio del tono de su gestión. Pero, con Zoellick al lado, Rice no tuvo más una expresión de esa naturaleza en el futuro para ningún político de la región.

Cuando a comienzos del 2006 llegó a la presidencia de Bolivia el ex dirigente cocalero Evo Morales, considerado un allegado de Chávez, Rice dijo conservadoramente que el grado de las relaciones entre Bolivia y Estados Unidos sería determinado por las propias acciones del nuevo gobernante.

Zoellick dio también una idea de la moderación que deseaba al tratar el caso de Venezuela en su audiencia de confirmación en el Senado.

Transmitiendo calma, dijo que si Venezuela, el cuarto mayor abastecedor de crudo de Estados Unidos, llegase a cortar la venta, el petróleo seguiría estando en el mercado mundial sólo que obviamente costaría mucho más obtenerlo para los estadounidenses pero no desaparecería.

Pero consideró que Venezuela difícilmente cortaría el crudo ya que en la práctica Venezuela no le vendía a Estados Unidos sino a CITGO, una empresa venezolana que opera sus propias refinerías y tiene bienes de más de 8.000 millones de dólares en la red estadounidense de distribución de combustibles.

Conocedor de Latinoamérica como ningún otro funcionario de Bush, Zoellick se ha entrevistado con cada uno de los presidentes de la región desde sus días como jefe de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), a cargo de las negociaciones de libre comercio.

Zoellick negoció cada uno de los tratados de libre comercio que Estados Unidos ha firmado en lo que va de esta década. En la región, lo ha hecho con Chile y Centroamérica, que ya están concluidos, y ha avanzado en las negociaciones con Perú, Colombia, Ecuador y Panamá.

Igualmente, sacó adelante la renovación de las ventajas arancelarias para los países andinos --Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia-- al expirar en el 2001 la ley conocida como ATPA. Con Zoellick la ley fue prorrogada por cinco años más hasta diciembre de 2006, en que la posibilidad de una nueva extensión parece ahora tenue.

Si Bush quisiera encontrarle un reproche a Zoellick se referiría a su trabajo poco exitoso --tanto al frente de USTR como en el Departamento de Estado-- con el Mercosur, conformado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Zoellick impulsó el G-4+1 (Mercosur más Estados Unidos), un foro de coordinación ideado como escenario para la transición hacia el libre comercio. Pero, en los últimos cinco años el grupo sólo se ha reunido una vez y Zoellick se va ahora de la administración pública sin haber visto alinearse a las naciones del cono sur sudamericano con la corriente mercadolibrista de Norteamérica.

Zoellick no pudo convencer siquiera al canciller brasileño Celso Amorim de las bondades que tenía el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el proyecto que nació en Miami en una cumbre presidencial en 1994.

Los dos asumieron la copresidencia del ALCA, en lo que se consideraba como el tramo final del proceso de implementación. Pero los dos vieron también prácticamente morir la idea en otra cumbre, la de Mar del Plata, Argentina, en noviembre, al persistir sus desavenencias.

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