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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Estamos tristes, unos porque se confirmaron los temores, otros porque, buenos y crédulos, pensaban, a estas horas de la historia, que los responsales de la improvisación, la incompetencia, la irresponsabilidad, la falta de seriedad y el vacilón pueden engendrar el éxito en el tálamo del futbol y en cualquier actividad de la vida. Ayer, además, fue el Día del Padre. La tristeza es más honda todavía por el sinnúmero de niños que tuvieron otro día y por el número de casas -no de hogares- donde el asueto, el fin de semana o el día de cualquier celebración, es escenario de violencia, odio y desamor. Podemos estar tristes también porque, tal como van las cosas, cualquier día un grupo de unisex o de todos los sex van a exigirle a la Sala Constitucional que desaparezca el Día del Padre o el Día de la Madre, y, por consiguiente, cualquier vestigio de familia. "El hombre ha muerto./La barba no lo sabe./Crecen las uñas", cantó Borges en un "haiku". No conviene, sin embargo, estar triste, si son tantos los motivos para gozar y reír. Ayer, no más, La Nación nos regaló un plato de humor: la convención colectiva de la Imprenta Nacional, una de las tantas humoradas de nuestro anterior gobierno pacheco-sindical. Una de sus cláusulas impone precisamente un aumento del 15% del salario de los empleados por "guardar confidencialidad": un valor ético fundamental convertido en negocio, como, en Japdeva, donde un empleado gana más por llegar a tiempo al trabajo. "No hable, no denuncie; vea, oiga y cierre la boca, y recibirá el 15%". Otra cláusula: día libre por el cumpleaños (si cae un domingo, se pasa al lunes); otra: cuatro horas por mes para actividades familiares (solo ellos tienen familia); otra: dos horas semanales más un día por mes a los dirigentes sindicales para reuniones (pienso, luego existo); otra: tres meses pagados para "realizar estudios sindicales" (ojalá en Ginebra); otra: 100 tarjetas, dos empastes y recordatorios para cada empleado por la muerte de un familiar cercano (todo pagado por los vivos y por los muertos de los demás ticos.). Si esta convención colectiva despierta la curiosidad del lector, tiene a mano muchas otras en el sector público que le alegrarán la vida y le brindarán la oportunidad de aquilatar la capacidad imaginativa de los dirigentes sindicales y la generosidad de nuestros gobiernos, tan ubérrima como la de la Fedefutbol que llevó a 42 dirigentes deportivos gratis a Alemania para traerse -hasta hoy- 7 goles en dos partidos. Levantemos el espíritu. Adiós, tristeza.
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