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Cuentos chinos Algunos países que tienen todo para surgir se empeñan en ser cada vez más pobresRolando Guzmán Calzada Una camarilla de dirigentes sindicales obcecados y políticos miopes siguen viviendo del pasado, enfrascados en una guerra ideológica de eslóganes y estribillos contra el capitalismo, el imperialismo, el neoliberalismo, en vez de preocuparse por encontrar las soluciones que nos alejen del subdesarrollo económico y nos pongan a competir con los grandes. A propósito, resulta de lectura obligatoria el libro Cuentos chinos del periodista argentino Andrés Oppenheimer, el cual investigó de primera mano porqué razón algunos países están siendo económicamente exitosos y otros que, aunque lo tienen todo para surgir, se empeñan en ser cada vez más pobres. Contrariamente a lo que muchos quieren hacernos creer, la globalización y la apertura económica están disminuyendo exponencialmente la pobreza en todo el mundo, menos en Latinoamérica. En los últimos 20 años, el porcentaje de gente que vive en extrema pobreza (con menos de $1 diario) cayó del 40% al 21%. Lamentablemente para Latinoamérica, la reducción de la pobreza se está dando en China, India, Taiwán, Singapur, Vietnam y los demás países del este y sur asiáticos. Avance y retroceso. La explicación para este fenómeno es muy sencilla, Oppenheimer encontró que hay dos tipos de naciones: las que atraen capitales y las que ahuyentan capitales. Hace tres décadas los países asiáticos recibían el 45% del total de las inversiones que iban a países en vías de desarrollo, hoy reciben el 63%. En Latinoamérica el fenómeno ha ido a la inversa, del 55% bajó al 37%. Entre Hong Kong y China reciben $74.000 millones anuales en inversión extranjera, mientras que los 32 países de Latinoamérica y el Caribe juntos captan $60.000 millones. Dicha inversión extranjera le permite a China abrir miles de fábricas nuevas por año. Actualmente, el 60% de la economía China, representado por más de 3,8 millones de empresas, está en manos privadas. Este auge empresarial ha venido acompañado en un aumento de las exportaciones a un ritmo del 17% anual en la última década, mientras que en Latinoamérica el aumento anual de las exportaciones es tan solo del 5,6%. Ya China desplazó a México como el segundo mayor exportador a EE. UU. después de Canadá. El feliz resultado de todo este auge económico es que el empleo en China ha aumentado de forma tal que han logrado sacar de la pobreza a más de 250 millones de personas, y el porcentaje de gente que vive con menos de $1 diario se redujo del 61% al 17%. Países como China, Irlanda, Polonia y República Checa, que están en pleno auge económico, en vez de perder valioso tiempo discutiendo las virtudes o defectos del libre comercio, o el imperialismo, están concentrados en cómo ser más competitivos. Y es que en el tema de la competitividad las ideologías quedan sobrando. China es una dictadura comunista, mientras que su sistema económico es el capitalismo puro. Vietnam, siendo una dictadura comunista, ha abierto su economía y están atrayendo capitales extranjeros, lo que ha generado la apertura de más de 140.000 empresas privadas en la última década: una de ellas la empresa Nike que, con 130.000 trabajadores, es el mayor empleador en Vietnam. De mal en peor. En contraste, la fatídica combinación en Cuba de una dictadura comunista con una economía cerrada tiene a la población inmersa en una pobreza deprimente. El salario promedio es de tan solo $10 al mes: un maestro gana $9 al mes; un ingeniero, $14, y un médico, $27. Otro triste ejemplo es el de la Venezuela de Chávez que, con su anacrónico discurso antiimperialista, ha provocado una acelerada fuga de capitales que ya ronda los $36.000 millones y ha provocado el cierre de 7.000 empresas privadas. Peor aún, en los primeros cinco años de su gobierno, la pobreza absoluta aumentó del 43% al 53%, a pesar de que los precios del petróleo subieron de $9 a $50 el barril. En el mundo hay docenas de países que están reduciendo la pobreza aceleradamente aprovechando la globalización, mientras que no existe ningún ejemplo de una nación que esté reduciendo la pobreza ahuyentando el capital y dando golpes en la mesa. Pongamos atención porque en Costa Rica hay políticos ideólogos que acuerpan a grupos sindicales que se resisten al cambio, porque quieren seguir gozando de privilegios obscenos, y cuyas luchas no son precisamente buscar el beneficio económico del pueblo, sino más bien mantener sus gollerías a toda costa.
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