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Columna

Vida en la empresa: El que se enoja pierde


Álvaro Cedeño
acedenog@racsa.co.cr

Una investigación de la Universidad de Melbourne, Australia, según reporta The Economist en su edición del pasado 8 de junio, confirma lo que es creído mayoritariamente: que los varones son menos sensibles a percibir las emociones.

No obstante, el artículo establece una excepción, y es que sí son muy sensibles para percibir la ira, el enojo, en otros varones.

Los investigadores sospechan que esto se debe a que la capacidad de distinguir cuándo alguien está enojado sirve a la supervivencia .

Según su análisis, puesto que desde un punto de vista físico, muscular, la ira de un varón es más peligrosa que la ira de una mujer, es importante tener más sensibilidad para lo primero.

Los investigadores concluyeron algo más: si el enojo de los varones es tan notorio, eso refuerza la tendencia en el género a utilizar el enojo para llamar la atención.

Pensamos que eso explica por qué padres, jefes, maestros, árbitros de fútbol y policías, recurren con mayor frecuencia al gesto airado, al regaño desabrido que a la retroalimentación constructiva.

La investigación también desliza una idea interesante sobre las mujeres situadas en posiciones de autoridad, desde jefas hasta esposas, que pudieran percibir que sus señales de su enojo tienen menos efecto que las de sus colegas varones.

El estudio dice que esas señales que envían, no es que sean ignoradas adrede, sino que sus compañeros perciben más fácilmente las que envían los varones que las que envían las mujeres.

En cuanto a los hombres, una reflexión interesante es que como nuestro enojo es tan fácilmente perceptible, con seguridad hemos aprendido a considerarlo una reacción de última instancia.

Por esta razón invertimos mucha energía en reprimirlo o maquillarlo.

Esa energía la podríamos dedicar a mejores fines si aprendiéramos a transformar, a civilizar, nuestras emociones de enojo, a fin de convertirlas en otras más maduras y más desarrollantes.

Tal es esfuerzos nos permitan ir mejorando nuestra interacción con los demás, haciéndola mucho más constructiva, más apacible, más profunda y, en resumidas cuentas, más propicia a la colaboración.

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Lun 19/Jun/2006
Fuente: B.C.C.R.

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