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Cascos cerrados y autos de vidrios oscuros son aliados del hampa Atacan comercios, mensajeros, peatones, clientes de bancos y otrosDe enero a mayo se cometieron 551 atracos con extrema violencia Nicolás Aguilar R. naguilar@nacion.com Los cascos cerrados y los autos con vidrios polarizados se convirtieron en los últimos años en los grandes aliados del hampa. De acuerdo con informes de la Policía Judicial, durante el año 2005 se registraron, solo en San José, 1.600 atracos (alrededor de 4 diarios) en los cuales los delincuentes utilizaron cascos cerrados o autos de vidrios oscuros.
Los perjudicados fueron decenas de locales comerciales, mensajeros, peatones y usuarios de agencias bancarias. Los delincuentes a bordo de motocicletas usaron cascos cerrados o vidrios polarizados en los vehículos para ocultar sus rostros y complicarle las pesquisas a la Policía. Aunque no fue posible obtener cifras, la Policía Judicial estima que esta forma de operar ha crecido para otros delitos como el robo de vehículos mediante bajonazos, así como en homicidios.
Impunidad. "Un delincuente con casco cerrado tiene más de un 95 por ciento de posibilidades de ganar el pulso a la Policía", afirmó el viceministro de Seguridad Pública y exsubdirector del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), Gerardo Lázcarez. Hay numerosos ejemplos. El 7 de junio desconocidos a bordo de un vehículo con vidrios polarizados asesinaron a balazos a los hermanos Allan y Adelette Morales Viales, en Colima de Tibás. Ese mismo día, otros delincuentes, quienes ocultaban su rostro con cascos cerrados, acribillaron al domador de caballos Juan Gabriel Rojas Guillén en Platanares de Moravia, San José. El OIJ enfrenta dificultades para arrestar a los asesinos. "Estamos frente a un problema de seguridad nacional cada vez más serio y las cifras son alarmantes", afirmó el director del OIJ, Jorge Rojas. De enero a mayo motociclistas con cascos cerrados y ladrones en carros polarizados cometieron 551 asaltos, muchos contra abastecedores, salas de Internet, mensajeros y ciudadanos a quienes sorprendieron cuando salían de alguna agencia bancaria. Hay delincuentes que, además de usar casco cerrado, le agregan viseras oscuras, lo que hace imposible su identificación. "Ya no es posible verles ni los ojos, esto es serio", insistió por, su parte, el viceministro Lázcares. "Está bien que quieran protegerse del sol, pero ahora el polarizado lo usan también en el parabrisas", se quejó el director del OIJ. Sin legislación. El director de la Policía del Tránsito, German Marín, afirmó que no existe legislación para impedir el uso de cascos cerrados, por lo que no pueden, de momento, hacer nada al respecto. En cuanto a los autos, recordó que se prohíbe el polarizado del parabrisas delantero. En esos casos pueden ser detenidos y sancionados con una multa. Víctimas desamparadas. Al comerciante Ariel Quinteros Jiménez, de 40 años, copropietario del abastecedor Linda Vista, en Tibás, lo han asaltado tres veces en similares circunstancias. Fue víctima de ladrones con cascos cerrados que viajaban en un carro con vidrios polarizados.
'Le dije que no se moviera, ahora lo tengo que matar...' Nicolás Aguilar R. naguilar@nacion.com Tres veces al borde de la muerte a manos de delincuentes que ocultaban sus rostros con cascos cerrados marcaron al repartidor de comida rápida Héctor Rodríguez Chacón. Este hombre, de 26 años, vecino de Heredia, ha sido asaltado en tres ocasiones en media calle -sin importar el ir y venir de vehículos ni peatones- por ladrones que continúan en libertad y dificílmente serán capturados. "Con costos les pude ver los ojos, se tapan la cara con cascos cerrados y es imposible identificarlos. Puse la denuncia ante el OIJ, pero no pueden hacer nada", lamentó Rodríguez. En las tres oportunidades los delincuentes actuaron con suma violencia y estuvieron a punto de acribillarlo a balazos, según dijo. El peor hecho lo vivió en La Fosforera, Heredia, donde lo encañonaron dos hombres que viajaban en motocicleta. Le advirtieron que no se moviera, pero a Rodríguez lo traicionaron los nervios. Sin querer, hizo un movimiento brusco y casi lo paga con su vida. "Mae, le dije que no se moviera, ahora lo tengo que matar, aquí se muere...", gritó enfurecido quien parecía jefear la banda, colocándole entonces el cañón del arma de fuego en la frente. Terror. Para Rodríguez, casado y padre de dos hijos, uno con pocos días de nacido, el tiempo se detuvo irremediablemente. "Pensé que hasta allí me la había prestado Dios. El sujeto estaba furioso, como loco, gritaba que me mataría. No sé qué lo detuvo. Fue la experiencia más aterradora de mi vida", expresó. Los delincuentes con cascos cerrados lo han asaltado en tres ocasiones para robarle igual número de motocicletas, dinero, documentos y la comida que debía entregar a varios clientes. De nada le sirvió acudir a la Policía Judicial para presentar la denuncia. "Tenemos muchos casos como el suyo, no se haga muchas ilusiones, es imposible identificar a ese tipo de asaltantes". De hecho, el repartidor de comida, al igual que cientos de afectados más, nunca pudo ver el rostro de los atracadores, lo que impide al OIJ elaborar retratos hablados o encontrarlos en sus archivos fotográficos. Rodríguez pidió a la Policía regular el uso de cascos porque "ahora los usan para robar o matar y nadie los detiene".
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