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En Vela Julio Rodriguez envela@nacion.com Ayer ocurrió, en el Mundial en Alemania, lo que, pese a nuestros sentimientos, ilusiones y buenos deseos, tenía que ocurrir: la descalificación sin honor y, con ella, una crítica universal severa, implacable, contra el futbol nacional ¿Por qué? Porque la improvisación, el vacilón, el miedo al cambio y la incompetencia pasan siempre su factura. La antítesis de la improvisación es el planeamiento esmerado y oportuno, en el marco de un proceso de reflexión, deliberación, evaluación y ejecución constantes; la del miedo al cambio es la apertura mental, el conocimiento de la realidad, el estudio, la responsabilidad de la misión asumida; la de la incompetencia es el sentido de excelencia, y la del vacilón, la seriedad. Preguntémonos si tanto en el futbol como en otras actividades y desafíos de la vida nacional hemos procedido en estos años con seriedad y sentido de responsabilidad. No es obra del azar que, ante diversos y determinantes retos nacionales e internacionales, hemos venido a menos, hemos descendido escalones y, peor aún, no hemos querido reconocer nuestros desvaríos y fallas internas. Si ha habido una impronta en el futbol nacional, en estos años, ha sido el conformismo y, por lo tanto, el desaprovechamiento de las grandes oportunidades que la historia nos ha deparado. Aunque hayamos participado en tres campeonatos mundiales, de 1990 a hoy, lo cierto es que no hemos avanzado, como lo documenta, domingo a domingo, nuestro esmirriado campeonato nacional de futbol. Lo dijeron anteayer y ayer, en la prensa internacional, diversos expertos de este deporte: el futbol que juega Costa Rica es añejo y anacrónico. El miedo, la miopía, los intereses subalternos y la viejera mental, petrificada en la contemplación del statu quo, nos han invadido y aletargado. Añejo y anacrónico, principalmente, porque le tenemos miedo al cambio, porque preferimos enclaustrarnos en nuestro parroquialismo, porque no queremos entender que, si queremos participar en los grandes escenarios mundiales, tenemos que abrir nuestra mente, modificar nuestros hábitos de trabajo y actuar con seriedad. Hemos perdido, en Alemania, una extraordinaria oportunidad. Peor aún, hemos sido objeto de compasión y hasta de hilaridad. La Fedefutbol y el entrenador nos han exhibido. La prensa deportiva ha sido en extremo complaciente. Que, al menos, aprendamos la lección en el deporte y, sobre todo, en otros campos de mayor relieve social, político y económico, en los que la patria debe ocupar su genuino sitial. Si así fuese, bendito sea este trago amargo.
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