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EDITORIAL

De frente y con transparencia

Bien hace el Gobierno en presentarle a tiempo y sin ocultamiento al país sus iniciativas y proyectos
La táctica del miedo y del sometimiento a los grupos de presión ha retrasado el desarrollo nacional y ha perjudicado a los sectores más pobres


El presidente de la República, Óscar Arias, manifestó anteayer, en su paso por Italia, tal como lo informamos ayer, una serie de proyectos que considera prioritarios para poner al país al día en el campo educativo, económico y fiscal, y así, mediante el aumento de las inversiones, del empleo y de la cobertura educativa, comenzar a combatir la pobreza sobre bases más sólidas. Estos anuncios abren una amplia ventana de discusión sobre los problemas nacionales y sobre la urgencia de tomar decisiones y llevarlas a cabo en un ambiente de respeto al ordenamiento jurídico y devoción al interés nacional.

Los proyectos enunciados son relevantes: apertura de los monopolios estatales sobre telecomunicaciones, seguros e importación de petróleo; concesión de los puertos del Caribe a empresas privadas; creación de un sistema de incentivos fiscales para fomentar la inversión de empresas extranjeras, creación de un fideicomiso, con base en los recursos de Conavi, para reconstruir la red nacional, por $170 millones; aprobación del plan fiscal y aumento de la inversión en educación. En este sentido, la posible aprobación de la Ley de Concesión de Obra Pública en la Asamblea Legislativa constituye una buena señal y un paso necesario. Estos y otros proyectos deben acompañarse de la tarea primordial de poner orden, racionalidad, parsimonia y eficiencia en la gestión pública para remover a nuestro esclerótico Estado y hacerlo cumplir a plenitud sus funciones básicas, al servicio del bien común.

La declaración del presidente Arias, reiterada ahora y en su discurso inaugural, el 8 de mayo pasado: "Costa Rica no está condenada a ser pobre" debe ser mucho más que una apelación a la solidaridad nacional y a la justicia, o un voto piadoso. Constituye un objetivo prioritario que solo es posible alcanzar con una nueva forma de gobernar y de hacer política. Si esta es la finalidad, la trama institucional y política debe esta orientada a su satisfacción. Desde esta perspectiva, bien hace el presidente Arias en decir las cosas con claridad y concreción, aunque, a primera vista, pareciera que la enunciación de una serie de proyectos incómodos o polémicos para determinados grupos, junto con la tramitación del TLC, no es una táctica sensata.

La prudencia, entendida como discernimiento o distinción entre lo que conviene o no al país, aconseja, más bien, proponer con transparencia las iniciativas y los proyectos específicos que el Gobierno pretende llevar a cabo. De este modo, se recuperan valores básicos de la democracia cognitiva y eficaz -publicidad, deliberación, persuasión, negociación, determinación- tan venida a menos en la administración anterior, por la táctica del miedo o del sometimiento a los grupos de presión, que nada tiene que ver con la prudencia. El país tiene derecho a saber, a ser informado, sobre las propuestas del Gobierno y sobre el curso de las discusiones. De este modo, tendrá elementos de juicio para pensar razonablemente sobre la actitud de los diferentes actos en el debate nacional o en la ejecución de los proyectos aprobados.

En las circunstancias actuales, necesariamente se deben tocar intereses y privilegios de ciertos sectores, posiciones ideológicas, prejuicios y dogmas anquilosados. Conviene, desde ahora, afrontar esta realidad política, pues los problemas acumulados son muchos y graves, y el tiempo apremia. La responsabilidad del gobierno y de los diputados, frente al presente y el futuro del país, sobrepasa cualquier consideración política subalterna.

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