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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com El Consejo Nacional de Vialidad (Conavi) tardó casi dos años en empezar la construcción de dos puentes peatonales vitales -en su real acepción- en la vía San José-Alajuela. Primero vinieron los muertos, como ocurre siempre, y luego los trámites para hacer lo que el sentido común aconsejaba desde hacía muchos años. La Contraloría autorizó adjudicar el proyecto, en el 2004, a una empresa sin licitación pública. No obstante la premura, Conavi tardó 20 meses para emitir la orden de inicio. Posiblemente, se concluirán el próximo mes. No juzgamos las razones del atraso, mas lo cierto es que esta ha sido la tónica, la mentalidad, el estilo o el ritmo del país en estas décadas, salvo algunas excepciones honrosas, como el contrato con Intel y otros. Nuestros antepasados campesinos, con sus lógicos nublados del día, en tres meses elaboraron una constitución y comenzaron a estructurar un Estado. Juan Rafael Mora avizoró, con tiempo, lo que venía y, cuando Walker nos invadió, estaba preparado. Nuestra historia rebosa de ejemplos de los esponsales del sentido del tiempo, el pensamiento y la ejecución. Pero algo nos pasó, en algún recodo de la historia, y perdimos el sentido del tiempo que, como decían nuestras abuelitas, una vez perdido, hasta los santos lo lloran. Hemos fortalecido así la relación íntima y perversa entre la pérdida del tiempo y la corrupción, por el retraso en la ejecución de los proyectos o por la mala calidad o chambonería, sospechosamente planificada, de las obras. La corrupción es de tal entidad que la aberración del valor del tiempo se ha convertido en escuela de cinismo: explotación máxima del tiempo para lo malo y el tortuguismo calculado o negociado para lo supuestamente bueno. La aprobación del crédito finlandés, el bazucazo del dique flotante, los fondos de emergencia, la creación de privilegios, la mala gestión pública y muchos otros asaltos contra el erario han roto todas las marcas. Sin embargo, la construcción de la Costanera Sur ha tardado 30 años, la red vial es un desastre; la "tramitología" burocrática, una tortura; la reforma fiscal, un juego; la modorra legislativa, una burla institucionalizada, y el TLC, en el gobierno anterior, la alianza del miedo con la incapacidad. Celeridad para lo malo y desesperante morosidad, confusa y programada, para lo bueno. Nos lo advierte el Eclesiastés: "Hay tiempo para todo". No hay excusas. No hay tiempo "a la tica". La pérdida del tiempo y la pérdida del talento personal son sinónimos. Su des-enlace es el subdesarrollo.
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