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Mundial: México 3 - Irán 1 Aztecan justifican su cartel de favoritos para avanzar con una victoria merecidaLa disciplina iraní alcanzó solo para el primer lapso, luego intentó especular Roberto García H. rgarcia@nacion.com ¡Todos para uno...! La vieja máxima funcionó otra vez. De inmediato al final del 3 a 1 de México contra Irán, los hombres del "Tri" retornaron sus pasos hacia la propia meta para reinventar con Oswaldo Sánchez el abrazo de la solidaridad.
La causa, harto conocida, no podía tener otra razón que la de brindar un respaldo colectivo en la hora difícil del guardameta. A 48 horas de su debut como titular en la Copa del Mundo, el gendarme de las redes blancas se jugó el chance de cruzar dos veces la inmensidad del Atlántico para cumplir con un ritual cristiano: las honras fúnebres de su padre, don Felipe, quien falleció sorpresivamente el miércoles anterior, en México. ¿Viajar o no viajar? De seguro, se trató de una decisión realmente difícil de tomar para dos personas en el plantel. Primero para el futbolista; también para el entrenador. No cabe duda que don Ricardo Lavolpe, un bigotón con cara de pocos amigos, pero al parecer, ¡solidario!, se arriesgó al autorizar el viaje imprevisto de su pupilo, dado el desgaste físico y emocional que semejante aventura implicaba. Mas, apenas la pelota se puso en movimiento, en cuestión de 10 minutos, con un desvío espectacular, el cancerbero respondió a la confianza y México dio buena cuenta de un equipo rojo que mostró ambición y disciplina, ciertamente, pero solo durante el primer tiempo. En el complemento, los iraníes borraron poco a poco esa magnífica impresión, tras arroparse en pos de un posible empate, como el único rédito de su aspiración limitada. Fuertes y rápidos. Se notó desde el principio. Irán transportaba el balón con vértigo y precisión a la vez, algo difícil en este futbol moderno, donde la marca estricta y el "dobleteo" son las armas preferidas de los defensores, tácticas de hierro que que suelen obstaculizar la exquisitez del buen pase y los trazos finos de la creatividad. No obstante, conforme el cronómetro se revolvía en dígitos, los desplazamientos planificados y el apreciable comportamiento táctico-estratégico de los iraníes comenzaron a ceder. México abrió la cuenta. Un envío de Pavel Pardo pasó por la cabeza de Franco y Omar Bravo llegó a los cordeles. 1 a 0, al 28'. Ocho minutos después (36), tras un paradón, Oswaldo Sánchez no pudo impedir el segundo remate de Golmohammadi, que logró el 1 a 1. "El factor" Zinha. En la etapa complementaria Lavolpe relevó a Gerardo Torrado, un "náufrago" en el mediocampo, por Zinha. Y el brasileño le resolvió el acertijo. La jerarquía se hizo sentir. Con la astucia de la serpiente, el poder azteca envolvió poco a poco a Irán. Primero fue el dominio de la media cancha; lo demás, obra del toque, avance y metralla. Omar Bravo repitió en los mecates, al 76', mientras que Zinha coronó su notable faena en el minuto 79, al concretar con un remate certero la mejor acción de conjunto que México pudo hilvanar en 90 minutos. Pitazo final. La vieja máxima de la solidaridad, funcionó otra vez. En medio del júbilo, las imágenes de la televisión transmitieron también el retrato de la humildad. Oswaldo Sánchez se arrodilló para orar y dar gracias, pero solo el tiempo que tardaron sus compañeros en concebir, ¡todos a uno!, la emoción de un abrazo que podría significar el primer grito mexicano en pos de una gran ilusión.
¡Bravo!, la casta del matador Nuremberg. AFP y EFE. El delantero mexicano Omar Bravo, con sus dos goles frente a Irán en la victoria 3 a 1, salió ovacionado del Frankestadion de Nuremberg, donde el "Tri" trabajó más de lo esperado para lograr el triunfo. Bravo, una de las estrellas del Chivas de Guadalajara, sacó a relucir su casta de matador, al abrir el camino con dos goles de gran factura que le dieron a México la tranquilidad de iniciar con el pie derecho en la cita germana. Abrió el marcador a los 28 minutos con un toque en el área chica, al recibir una pelota cabeceada por Franco a la salida de un cobro con pelota detenida que ejecutó Pavel Pardo desde la derecha. Posteriormente, a los 76 minutos, aprovechó un error "a dos tiempos" , en la que se vieron comprometidos el arquero Ebrahim Mirzapour con un mal rechazo de la pelota y el defensor Rahman Rezaei, por la misma situación, para colocar el 2-1, que significó un alivio para los aztecas. "Es un sueño haber marcado dos tantos tan importantes en un partido tan difícil. "Fue mucho más duro de lo pensado, pero la reacción mexicana en la segunda parte no ha dejado lugar a dudas de que lo que ocurrió en el primer tiempo (que terminó igualado a uno) fue nada más que un mal momento. "Logramos tomar la iniciativa, lo que nos habíamos propuesto en el entretiempo, y así pudimos alcanzar una victoria fundamental, porque si había algo que nos impusimos como importante era un triunfo en el comienzo de este torneo", agregó. En cuanto al bajo rendimiento individual y colectivo del equipo en la primera parte, Bravo dijo que "eso solo se puede atribuir a que las cosas no salían, simplemente". "El equipo intentó dominar la situación desde el arranque y se complicó, pero después quedó claro cuál puede ser el verdadero nivel de México. "Estamos seguros de que el equipo puede dar mucho más y la prueba es que en la segunda parte mostramos entereza y un ataque profundo, sostenido", dijo.
'Sí, mi padre nos echó una manita' Nuremberg. AFP. El arquero Oswaldo Sánchez aseguró ayer que su fallecido padre le "echó una manita" al once azteca para el 3 a 1 frente a Irán. "México debe sentirse contento porque era el triunfo que necesitaba el equipo en el debut. Y particularmente yo estoy feliz porque le cumplí a mi papá. "Era el sueño de él, de que su hijo estuviera en el Mundial, defendiendo el arco de nuestra selección nacional", dijo a los periodistas un emocionado Sánchez. Sobre el partido, Sánchez indicó que "se mostró el futbol que a Lavolpe le gusta, a pesar de que Irán presionó en el primer tiempo y por momentos no nos dejó jugar. "Pero en el segundo, el equipo hizo lo suyo, anotó los goles y eso nos deja tranquilos para pensar en el partido ante Angola". A una pregunta sobre si Felipe Sánchez, su padre, fue el amuleto para la victoria, con la voz quebrada, respondió que la ayuda vino del cielo. "Me dio fuerzas y nos echó una manita para el triunfo". Los fiebres de la tribuna
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