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Para reaccionar Alberto Morales Bejarano @nacion.com Pediatra La huelga estudiantil en Chile debería servirnos como llamada de atención acerca de la realidad de nuestra educación y del modelo de sociedad al que aspiramos. Si bien es cierto que existe en Costa Rica un diagnóstico del deterioro de la calidad de la educación, pareciera a ratos que los costarricenses somos buenos para llegar a un diagnóstico, pero pésimos para aplicar soluciones. Así, conocemos que los adolescentes están desprotegidos por los pobres conocimientos y actitudes ante la sexualidad, pero hacemos muy poco para ofrecerles una educación sexual de calidad; sabemos que los adolescentes consumen más licor, tabaco y otras drogas ilícitas, pero no tenemos la capacidad de ofrecer alternativas de prevención y menos aún de tratamiento. Empeora la situación al no existir voluntad para suprimir la propaganda que induce al consumo. Abismales diferencias. Hemos detectado, a través de los informes Estado de la nación y del Ministerio de Educación, las abismales diferencias de calidad entre la educación pública y la privada; conocemos las cifras escandalosas de expulsión escolar en secundaria; sabemos que la condición socioeco- nómica y lo selectivo que es el sistema educativo son las causas de esta expulsión, pero hemos tardado años en empezar a proponer opciones que enfrenten estas desigualdades y restauren el auténtico sentido de la formación integral. Reconocemos que Latinoamérica es el continente donde se da la mayor desigualdad en la distribución de la riqueza y que en Costa Rica esta desigualdad ha ido aumentando de manera significativa. El desarrollo económico no llega a los que más lo necesitan y se han debilitado sectores de población que históricamente aspiraban a un ascenso social; la riqueza nacional se concentra peligrosamente. Similar realidad. Hoy en Chile, a raíz de la huelga que apoya más del 80% de la población, diferentes sectores sociales, políticos y religiosos aceptan que los estudiantes "no reciben la educación que se merecen, acentuándose la desigualdad social" y que "los ciudadanos sacan la voz para exigir una tajada del progreso económico", del que han estado excluidos. ¿No es esta realidad muy similar a lo que se ha venido incubando en el país? Las manifestaciones del nuevo ministro de Educación de Costa Rica y el interés nacional por aumentar el presupuesto de la educación, parecieran medidas esperanzadoras ante un panorama tan crónicamente negativo. Sin embargo, todos entendemos que las soluciones, en la búsqueda de una sociedad más solidaria, justa y equitativa, superan a las acciones que se tomen solo en el sector educativo. Ojalá podamos reaccionar antes de que sea demasiado tarde.
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