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Sindicatos contra el país El sello de la incertidumbre, de la indefinición, del "dejar hacer, dejar pasar"Luis Montoya Salas Miembro del Consejo Universitario UNA A principios de junio del 2003, el expresidente Pacheco tira la toalla y entrega el cogobierno del país a los sindicatos, cuando autoriza a Ricardo Toledo (entonces ministro de la Presidencia) a firmar el documento "Tercera República". Envalentonados, los dirigentes sindicales califican el acto como "un hito en la historia del movimiento sindical que defenderán en las calles" (9/6/03) mediante el "combo" huelguístico educadores, ICE, muelleros, etc. Envuelve entonces a Pacheco una aureola diletante respecto del TLC: ¿Lo mando o no lo mando (a la Asamblea Legislativa)? Anarquía y parálisis. Así, Pacheco imprimía a su gestión el sello de la incertidumbre, de la indefinición, del "dejar hacer, dejar pasar". Es decir, el reino de la anarquía, expresado en una parálisis total, de la que se aprovecharon los sindicatos, en contubernio con algunos jerarcas de instituciones autónomas y sus juntas directivas, para consolidar prebendas. Pero no todo fue mala nota para la Administración saliente. La huelga del ICE de junio del 2003 reveló cómo los avances tecnológicos traspasan la capacidad de control del ICE, prisionero de las condiciones deficientes de infraestructura, de la década de 1960 pues, mientras la institución se encargaba de las redes telefónicas, otras formas de comunicación fueron concesionadas al sector privado, al amparo de la Ley de Radio de 1954 (radiocomunicación, radiolocalizaciones, radiodifusión y televisión). Por otra parte, y como lo denuncia Abril Gordienko en La Nación (13/6/03), se han desnudado los intereses de participación de los sindicalistas del ICE en empresas privadas: "Han perdido por completo y menosprecian la perspectiva nacional de interponer sus intereses gremiales. por sobre cualquier otra necesidad nacional". Los sindicalistas están llamando a los costarricenses a participar en próximas manifestaciones y huelgas generales. Silencio total. No obstante, las últimas resoluciones de la Sala IV revelan que la principal ocupación de estos funcionarios públicos es salvaguardar la matrix de sus gollerías. No recuerdo haber escuchado un pronunciamiento público, menos aún una acción en concreto para paliar el hambre de miles de niños escolares, por parte de algún líder sindical. Pero sí defienden, a capa y espada, por ejemplo, ¢200 millones de prestaciones para un solo empleado. Tengo muchísimas dudas razonables para creer que estos empleados públicos ignoran la esencia del TLC del que tanto pregonan defender pues, aparte de mirar hacia el ombligo de la institución que defienden, no consideran ni una coma sobre las partes del Tratado referidas a la biodiversidad y su impacto sobre el equilibrio ecológico del país. ¿Tienen entonces los sindicalistas principios y atestados morales para convocar a todo un pueblo a la defensa de su "país"? Para mí, ¡no! ¡Definitivamente, no!
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