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Egregia memoria

La labor pastoral y vocación social de monseñor Sanabria son hitos históricos

Tomás Federico Arias C.
toarca@costarricense.cr
Profesor universitario

Hoy, hace 54 años, el 8 de junio de 1952, falleció el segundo arzobispo metropolitano, monseñor Víctor Manuel Sanabria Martínez, por lo que cabe reflexionar sobre la personalidad y pensamiento de quien sin duda ha sido la figura cimera de la Iglesia Católica costarricense pues su intensa labor y destacadísimo papel arzobispal siguen marcando el derrotero de muchas y muy diversas ramas de la vida nacional.

Nació en San Rafael de Cartago el 17 de enero de 1898 e inició su vida religiosa cuando ingresó al Seminario Mayor en 1915. Posteriormente dirigió sus pasos a Roma, donde ingresó, por sus innegables dotes intelectuales, al Colegio Pío Latinoamericano. Obtuvo el Doctorado Canónico en 1921 y se ordenó como sacerdote el 4 de octubre de ese año. De vuelta al país, monseñor Castro y Jiménez le asignó funciones pastorales y administrativas en diversos puntos: Cartago, San Ignacio de Acosta, Colegio de Sion, Canónigo Teologal, etc. Se distinguió por su eficiente e intachable ejercicio, por lo que, a la muerte del obispo Monestel, de Alajuela, en 1937, el presidente León Cortés Castro y su ministro de Relaciones Exteriores, Tobías Zúñiga Montúfar, hicieron esfuerzos para el nombramiento del padre Sanabria como segundo obispo alajuelense, lo que se materializó en marzo de 1938, con la designación por el papa Pío XI.

Reforma social. Para 1939, después de morir monseñor Castro y Jiménez, de nuevo el Gobierno lo respaldó decididamente para segundo Arzobispo de Costa Rica.

El 7 de marzo de 1940, Pío XII le dio esa posición, desde la cual, gracias a su profundo conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, en particular de las encíclicas Rérum Novárum (1891) de León XIII, y Quadragésimo Anno (1931) de Pío XI, así como del Código Social de Malinas (1920), del cardenal belga Desiderato José Mercier, fue parte fundamental, junto al presidente de la República Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944), de las reformas sociales que llevaron a la construcción del Estado Social de Derecho, que hoy disfrutamos.

Por eso, enumerar su obra en pocas palabras es casi imposible, pero destacan su participación y apoyo a la declaratoria del capítulo constitucional de las Garantías Sociales (1943), a la promulgación del Código de Trabajo (1943), a la creación de la CCSS (1943), a la derogatoria de las leyes anticlericales de 1884 (1942), a la fundación de la central sindical Rérum Novárum (1943), el establecimiento de la emisora Radio Fides (1952), etc. También, sus dotes intelectuales lo consagraron como el más insigne de los historiadores eclesiásticos del país. Desde 1949 fue miembro distinguido y presidente honorario de la entonces Sociedad de Geografía e Historia de Costa Rica, gracias a su extensa y detallada obra.

El 19 de noviembre de 1959, en justo reconocimiento, la Asamblea Legislativa lo designó Benemérito de la Patria, representando de manera inequívoca el sentir de un pueblo agradecido para el prelado más insigne del país, reconocido y admirado por tirios y troyanos. Es innegable que su incansable labor pastoral y su profunda vocación social y académica deben ser fuente de inspiración para todos los ciudadanos que de una u otra manera tenemos el deber de resguardar y dirigir los destinos de Costa Rica.

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