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La mezquindad política

Estoy en política para servir a Costa Rica, cualquiera que sea el partido gobernante

Mario Redondo
Exdiputado

Costa Rica ha sido históricamente un país de enormes potencialidades y, cuando han sido aprovechadas con visión y madurez, hemos logrado importantes ventajas comparativas, que se han reflejado en mejores índices de desarrollo humano.

Pero el progreso no se mantiene por inercia. En un mundo que evoluciona cada vez más rápidamente, las nuevas generaciones no pueden conformarse con vivir de la herencia: están obligadas a responder y actuar a la altura de los nuevos retos.

Admitámoslo: este país desde hace rato no está creciendo al ritmo que puede hacerlo, y una de las razones fundamentales para ello es la pequeñez y la mezquindad de una considerable subcultura de políticos y dirigentes.

"Espíritus pequeños". No es posible alcanzar los grandes objetivos que el pueblo merece si nos dejamos arrastrar por esos "espíritus pequeños" que deambulan en el acontecer nacional y que, como almas en pena, se empeñan en limitar nuestras posibilidades de crecimiento. No hay espacio en la política grande y de altura que este país requiere para una subcultura que, inspirada en bajas pasiones, ha relegado los fines a los medios, concentrándose en la competencia y las pequeñas batallas, sin importar los objetivos cruciales de toda sociedad civilizada.

Ya es hora de evolucionar a una cultura política más sincera y constructiva. Es hora de apartarnos del terreno de juego al que nos han querido llevar, donde el valor de la palabra está devaluado y abundan la superficialidad, el cálculo electorero y la movida subterránea. No permitamos que nos sigan arrastrando a un espacio solo propicio para los mediocres, para los que siempre tienen una excusa para no ayudar, los que todo lo detienen, todo lo reclaman y nada construyen.

Esta penosa forma de actuar ha causado graves daños al desarrollo y bienestar del pueblo. Son muchas las grandes obras que el país podía haber logrado si no hubiese sido por la mezquina actitud de quienes creen que coincidir o trabajar de manera conjunta es algo malo e inaceptable. La consigna es crecer políticamente a partir de los fracasos del partido gobernante, hacer escarnio de todo lo que sea posible, sin importar si en ello se sacrifica al pueblo.

Política de la grande. Es hora de anteponer los intereses de la Patria al cálculo partidista, de hacer política de la grande, en una cancha donde destaque el que mejores aportes haga, y no el que más zancadillas cometa. Para ello se requieren patriotas de verdad, que en las decisiones cruciales, más que en los fáciles temas light, actúen con responsabilidad y no terminen zafando el hombro, escudados en elaboradas excusas.

Es deber de todo buen costarricense contribuir al éxito del Gobierno, no solo porque un buen gobierno es sinónimo de progreso nacional, sino porque no es justo que se siga haciendo pagar al pueblo por la mezquindad de unos pocos. Para algunos voceros de la vieja guardia, eso no es entendible, ya sea porque nos quieren como peones de una finca cuyo patrón se puso a hacer negocios con la Caja, o porque, como dice un refrán: "El que las hace, se las imagina" y, a sus "ingenuos ojos", todo es negocio. En ambos casos, conmigo se equivocan. Yo estoy en política para servir al país, y seguiré apoyando los temas que creo convienen a Costa Rica, sea cual sea el partido gobernante.

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