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Alemania versus Luxemburgo Los alemanes tienen una elevada moral de juego y entrenamiento físico implacableRafael Ángel Herra A veces, el azar es generoso, y muchas cosas que nos ocurren dependen de él. Gracias a un primer contacto con el club SC Freiburg y su Escuela de Futbol, para ampliar al deporte los alcances de la recién firmada hermandad entre Alajuela y Lahr, recibí una invitación para asistir al partido de Alemania contra Luxemburgo. Di las gracias y le sonreí al señor Andreas Fornemann, gerente del club, y decidí irme al juego con la camiseta de la Sele pegada al cuerpo. Alas 17 horas comienza el partido, con graderías llenas. La fascinación se irradia por todas partes: en la cancha, en la alegría del público, y fuera también porque detrás del estadio se asoman las colinas serenas de la Selva Negra. Freiburg im Breisgau es ciudad modelo en cuanto a política ecológica, incluso aquí. Sobre los techos de las cuatro graderías, destacan los colectores solares. El estadio genera la electricidad que consume. Para llegar se usa el tranvía. Hay trenes especiales, pero no se detienen en cada parada pues así se ordena la subida de pasajeros. Cerca del estadio no hay dónde estacionar, y es preciso ir a los parqueos públicos en otras partes de la ciudad. Se juega sobre una cancha compuesta de 12 especies diferentes de césped. Organización. Esa descripción nos ambienta en Freiburg, pero también sirve para hacer una comparación sencilla: el juego del cuadro alemán es tan organizado como el estadio, la distribución en las graderías, el acceso, la producción energética, etc. Aunque no soy versado en el aspecto técnico del futbol, sí puedo decir que pertenezco a los no sé cuántos millares de ticos que opinan y saben más que el entrenador. Si me preguntasen, después de ver el partido entre el país anfitrión y Luxemburgo, qué les soplaría al oído a los jugadores ticos sobre la modalidad de juego alemán, les diría solo un par de cosas. Primero que todo, los alemanes tienen un juego rápido durante los 90 minutos, sin bajar el ritmo. Ponen énfasis en los pases cortos, precisos, sin olvidarse de los cambios abruptos con un pase largo eventual. Sus virtudes son la constancia y la perseverancia: jamás descansan ni se "amuinan" (para decirlo en tico). Esto último se explica tal vez por una moral de juego muy elevada y por un sistema de entrenamiento físico implacable que toma en cuenta e incluso controla el ejercicio durante las vacaciones. La confianza en sí mismo es fundamental y se aprende. Otra fortaleza es la precisión. Difícilmente desperdician una bola. El último puntapié va a la segura. Un aspecto táctico que no debe olvidarse es la organización del juego colectivo por sobre las jugadas individuales, aunque de cuando en cuando algún jugador se libera para crear situaciones de peligro. El juego colectivo da gran movilidad a los ataques y marea al adversario. Otro detalle notable es la rapidez y oportunidad con que los jugadores alemanes se aprovechan de los errores del campo contrario. Tres goles llegaron así, no por la mano de Dios, sino por descuidos obvios en la defensa de Luxemburgo. Hábiles. La figura temible me pareció ser Lukas Podolski, jugador de 20 años, nacido en Polonia. Me recuerda a Bryan Ruiz: las mismas omnipresencia y precisión. Podolski es muy veloz. Otro jugador hábil y con sentido de la oportunidad es Oliver Neuville. Cuando esperaba el tranvía después del partido, un aficionado alemán joven, de esos fiebres a ultranza, cargado de banderas, estolas, calcomanías en chaqueta, sombrero y pantalones, viéndome la camiseta, me dijo: "Ah... Costa Rica...". Quiso decir algo más, pero no siguió, tal vez porque estaba solo y los ultras necesitan del rebaño, allá y aquí. Tras los grandes ventanales de la oficina del gerente del SC Freiburg, en el estadio, se mira la Selva Negra. Desde una esquina del salón que da acceso a las oficinas, también podía verse la cancha con sus doce clases de césped. Cuando el señor Fornemann me entregó las entradas, tres días antes del partido, me dijo haciendo el gesto de ajustar binóculos y con una gran sonrisa: -Pero no venga a espiar... -Um Gottes Willen! (¡Ni quiera Dios!) -le dije.
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