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Ticos en el olvido Armando Mayorga amayorga@nacion.com La tragedia de una familia arrastrada por una cabeza de agua en el río Xikiari -un afluente del Chirripó- es una prueba más del abandono en que están los indígenas. Nuestros aborígenes viven aún como en tiempos precolombinos, cruzando ríos a pie porque no tienen suficientes puentes, pasos peatonales o andariveles que les den un buen acceso a sus propios territorios o a la "civilización". La muerte de Adelinio Jiménez, de 28 años, su esposa Percifes Murcia, de 23, y la hija de ambos, Rosalba, de apenas dos añitos, no debe quedar en el olvido, sino instituirse como una tragedia que obligue al Gobierno a volver sus ojos a estas poblaciones, que son ricas en recursos naturales y en tradiciones, pero pobres en infraestructura, desarrollo social y económico. Quién sabe hacia dónde iban Adelinio, Percifes y Rosalba. Juntos, quizás, a buscar atención médica... En el siglo XXI y en un país diminuto como el nuestro, lo increíble es que estaban a seis u ocho horas de camino del punto hasta donde llega un carro de doble tracción. Estaban en el olvido total. En medio de nuestra cotidiana realidad en la "civilización", los indígenas son un pueblo invisible, otra Costa Rica. La mortalidad infantil en los territorios indígenas, por ejemplo, triplica la nacional. En servicios hay un abismo con el resto del país. El 70% de los hogares no tiene luz, el 90% de acueductos sufre contaminación fecal, y el analfabetismo es del 30%. Parte del problema está en la ineficiente y discutida Comisión Nacional de Asuntos Indígenas (Conai), que en tres décadas de existencia ha sido incapaz de cumplir con su misión: "Coordinar las acciones de los otros entes estatales hacia las comunidades indígenas". Al estar comenzando este nuevo Gobierno, se hace necesario que designe a personas idóneas para trabajar en la Conai y que borre de la nómina a los ineficientes que, en 30 años, no han sabido laborar por el bienestar de los 65.000 ticos indígenas. El problema del Conai no es de la institución ni de la ley, sino de las personas. Desde hace muchos años, esa entidad perdió su norte, y los gobiernos de turno -conocedores de las deficiencias- recortaron el presupuesto a unos cuantos millones al año. Llegó la hora de que el Gobierno de Arias y los 57 diputados vuelvan a ver hacia esta otra Costa Rica que, por abandono, se muere poco a poco.
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