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El caso de la banca estatal El espíritu reaccionario en el ICE y la competencia de la banca estatal, en 1995, reflejan dos visiones distintas del paísLos "argumentos" de hoy contra el TLC se esgrimieron ayer contra exitosos e innovadores procesos de apertura Dos noticias del lunes pasado, en La Nación, nos brindan dos visiones opuestas en el sector público, seguidas de resultados contrarios. Se trata, en una, del debilitamiento o mengua de la capacitación de los funcionarios del ICE en los últimos años por el acoquinamiento ante los grandes desafíos actuales, y, en otra, de los logros financieros de la banca estatal por la determinación, en 1995, de aceptar el reto de la competencia y, consecuentemente, de la modernización. De acuerdo con las declaraciones del nuevo presidente ejecutivo del ICE, Jorge Gutiérrez, el primer empeño es el fortalecimiento de esta institución, a fin de cumplir con "la enorme tarea que el país le ha encomendado", lo cual exige, además de las reformas legales y de gestión internas, un proceso serio de capacitación. El ICE, según sus palabras, "debe estar en permanente renovación y actualización, sobre todo en campos donde la tecnología es tan cambiante". En este campo, el ICE perdió el ritmo. En vez de la capacitación sólida y actual, se prefirieron las pasantías particulares. En fin, el ICE necesita un cambio "en todo sentido" para que tenga capacidad de respuesta, lo que requiere, agregamos, un cambio de mentalidad. Ese cambio de mentalidad significa principalmente liberarse del miedo, de la rutina, del conformismo y de la ideología asfixiante de algunos grupos sindicales y políticos que, de seguir por esta ruta, llevarán al ICE a su estrangulación ante el empuje creciente de la tecnología. Si, en estos años decisivos, esa institución no se prepara para afrontar la inevitable apertura de las telecomunicaciones y ser "el operador dominante del mercado", se le habrá inferido un daño irreparable a nuestro país. Si el ICE, en estos años, abandonó la capacitación, no fue por causas externas, sino por falta de arrestos y de confianza en sí mismo, de parte de sus autoridades y de los dirigentes sindicales. Es preciso ahora rescatar el ICE y ponerlo en la ruta correcta. La banca estatal, como expresamos, hizo todo lo contrario desde 1995. Diez años después de la ruptura del monopolio de las cuentas corrientes, que aún añoran ciertos dirigentes políticos y sindicales, petrificados en el más rancio conservadurismo, sus logros han enmudecido a los pregoneros del desastre de la banca estatal. La banca estatal, necesitada aún de diversas reformas, goza de buena salud por cuanto, llegada la hora de la competencia, que la liberó del monopolio, se puso al día, primero mentalmente. Como expresó Eduardo Lizano, expresidente del Banco Central, "los bancos estatales se adaptaron a las circunstancias con mucho éxito, diversificaron sus servicios y compiten de tú a tú con los privados". El gerente general del Banco Nacional, William Hayden, comentó: "Con las reformas financieras, muchos apostaban a poner un candado a los bancos del Estado, pero no ocurrió así. Lo más positivo que les pasó a los bancos fue la apertura". El caso de la banca estatal, en 1995, es paradigmático por su significado político e ideológico. También lo es como mentís a los espíritus reaccionarios. Podemos citar otros casos igualmente reveladores de esta mentalidad añeja: la oposición contra la instalación de Intel en Costa Rica, contra la creación de la EARTH, con los mismos "argumentos" que hoy se difunden contra el TLC; contra la enseñanza universitaria privada y hasta contra la apertura de la Universidad Nacional y contra la reforma del Estado. En todos estos casos, curiosamente, se enarbolaron banderas de patriotismo y se entonaron ardientes proclamas, que los hechos de hoy convierten en comedia.
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