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El especialista: Deterioro en distribución DennisMeléndez Economista Queda la sensación de que, a algunos que se quejan del deterioro medido en la distribución del ingreso en los últimos 16 años, les caería bien el verso de sor Juana Inés: "Sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis". Y es que fácilmente se apunta el dedo acusador hacia los gobiernos y hacia el antojadizo genérico "los políticos", sin percatarse que, la mayor parte de las veces, la culpa está más bien en los grupos que se empeñan en obstaculizar la gobernabilidad, preservar los privilegios y en mantener cotos privados de rentas. Deben distinguirse al menos dos tipos de deterioro distributivo. Uno, el que surge de la dicotomía en la dinámica del desarrollo. Esto es consecuencia de que algunos agentes se atreven a cambiar, a modernizarse, a explorar nuevos mercados, a correr riesgos y a someterse al estrés permanente de la competencia. Estos, al mejorar su productividad, generan áreas de rápido crecimiento y de mejores ingresos, para ellos, empleados y proveedores. Por el contrario, los que se resisten al cambio y solo buscan protección estatal, se quedan rezagados y sus ingresos no crecen. Para algunos economistas, este tipo de "deterioro distributivo" es normal y, hasta cierto punto, deseable, pues es un incentivo para la superación. En tal caso, implementar redistribuciones forzadas de ingresos es contraproducente pues matan la iniciativa de los sectores que son más dinámicos. El otro tipo de deterioro es el verdaderamente malo. Se trata de aquel que surge de grupos que se enquistan en la estructura medular de la economía, se adueñan de las instituciones y sectores productivos. Esto se convierte en verdaderos exactores privados de rentas y se quedan con los ingresos que, de otra forma, irían a los más pobres. Se oponen a los cambios, se resisten a competir, niegan oportunidades de superación a los menos favorecidos (esto se refleja en reflecciones tales como "¿entonces quién va a trabajar la tierra?"). Sobre todo, conminan a los consumidores a solo comprar lo que ellos ofrecen, a precios monopolísticos, que son, por supuesto, más altos que si existiera un verdadero mercado. ¿Y el Gobierno? ¿La política de gasto social? ¿Y la política tributaria progresiva? Nada de eso es efectivo mientras haya tanta exacción sobre empresarios, trabajadores, consumidores y usuarios. Y si a eso se agrega que el Gobierno es el único causante de la inflación pues da su aporte a la mala distribución del ingreso, aunque no es el principal elemento, es ciertamente relevante en el deterioro del ingreso.
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