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Un promisorio discurso Don Óscar tiene el temple y coraje para tomar las decisiones que el país necesitaMiguel Miranda Sandí Politólogo Directo, sin tapujos y muy bien contextualizado, fue el discurso de toma de posesión del presidente de la República, Óscar Arias Sánchez. La vehemencia con la que enfatizó los principales retos del país fue sumamente clara y evidente, y demostró no solo su prosa, sino también temple y coraje para tomar las decisiones que urgen a la nación. Sin duda, la construcción de un modelo de desarrollo nacional y la definición de un norte seguro fueron sus principales argumentos, y que bueno que no pasó por alto dos aspectos fundamentales para conseguirlo: el contexto histórico social que vivimos y la importancia de que todos los sectores sociales participen en esa construcción. Responsables todos. Las relaciones económicas, sociales y políticas de hoy son muy diferentes de las de décadas anteriores; por eso no podemos ser obstinados creyendo que mientras otros dan pasos fundamentales para su desarrollo, tenemos que seguir gateando. La verdad es que todos somos responsables del futuro del país, y ya llegó el momento de pasar de la etapa contestataria a la propositiva. El verdadero valor de la política no descansa en la añeja práctica de criticarlo todo, sin dar argumentaciones válidas y objetivas sobre los problemas nacionales. Cierto, la verdad no es absoluta, pero quedarse en el pasado, con las recetas del pasado, de nada le sirve al país, en especial porque no somos una isla, desvinculados de lo que sucede en el mundo: si no marchamos con el tiempo, nos marchamos del progreso y del desarrollo. Cuando el Presidente habla de orden y ética, nos parece oportuna su reflexión, no solo en términos de condonación de la deuda externa sino también de las políticas públicas que promulgará. Está bien poner orden en las finanzas públicas, pero no a expensas de los sectores más necesitados. Buscar el bienestar general de la población constituye también un imperativo ético, más aún cuando se anuncia un gobierno que actuará con el principio de que los intereses nacionales están por encima de los intereses personales. Justicia y solidaridad. Para sacar a Costa Rica adelante, tenemos que abrir el pensamiento a las nuevas tendencias del desarrollo económico, lo que no implica para nada abandonar los postulados de la justicia social y de la solidaridad. Muchas otras naciones han caído en ese error, y este camino no lo deseamos para nada. Por eso, el gran reto del Presidente es convencer a su pueblo de que los cambios no afectarán negativamente las conquistas sociales. Escoger la ruta de la vida implica fortalecer el desarrollo humano de manera integral, con acciones gubernamentales que propician mayor calidad de vida de los costarricenses. La apertura comercial no nos llevará automáticamente al bienestar general; el Estado debe ejercer un papel protagonístico para garantizar el verdadero combate a la pobreza. Escoger la democracia implica escuchar a todos, pues todos tenemos algo que decir. Como dice Marianne Williamson: "En toda comunidad hay trabajo que hacer, y en todo corazón el poder para hacerlo". Si las puertas se cierran para muchos y se abren para pocos, la construcción del desarrollo no se hizo en democracia y, en consecuencia, no se podría iniciar el cambio que el país necesita en paz. Esperemos que don Óscar lo logre; capacidad y voluntad le sobran.
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