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Estudiantes procuran retomar diálogo con Gobierno chileno Grupo de jóvenes toma durante dos horas la sede de la Unesco en SantiagoBachelet pide apoyo para reforma legal que asegura educación de calidad Santiago. AFP, AP y Reuters. Los estudiantes secundarios que encendieron en Chile la llama de un debate sin precedentes en las últimas tres décadas, se aprestaban ayer a reanudar el diálogo con el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet para eliminar de la educación la "escandalosa brecha" entre ricos y pobres. Una asamblea de secundarios con representantes de todo el país examinaba ayer los próximos pasos para llegar a un acuerdo con las autoridades, después de la paralización nacional del lunes con disturbios y saqueos en Santiago que dejaron 35 heridos y 376 detenidos, en su mayoría adultos.
La presidenta Bachelet, enfrentada al primer estallido social desde que inició su gobierno el 11 de marzo, anunció que en el curso de la jornada enviaría al Congreso una propuesta para reformar la Constitución y consagrar "el derecho a una educación de calidad" para todos los estudiantes. Bachelet emplazó ayer a la oposición a dar los votos que negó en el 2005 a un proyecto para elevar la calidad educacional, mientras los estudiantes debatían si llegó el momento de volver a clases.
Concesión. Fue la última concesión de la mandataria, que también accedió a estudiar una reforma a la Ley Orgánica Constitucional de la Enseñanza promulgada por el exdictador Augusto Pinochet. Mediante esa legislación, Pinochet entregó la administración de los colegios públicos a las municipalidades y a particulares que reciben subvenciones del Estado en función de la cantidad de alumnos que tengan en sus aulas. "Con todo lo que hemos visto y se ha dicho en estos días, y todos los pronunciamientos de los distintos sectores sobre una educación de calidad, yo espero seriamente que contemos con amplio apoyo en el Parlamento", dijo la mandataria. El movimiento de los secundarios, que se inició hace un mes pero cobró fuerza en las últimas semanas con la adhesión de los universitarios y otros sectores sociales, demanda la modificación de esta ley, para equiparar los contenidos educacionales de las escuelas públicas con la calidad de la enseñanza que imparten los colegios privados.
Aunque la Iglesia Católica administra numerosas escuelas y liceos privados, respaldó el planteamiento de los secundarios que apunta a erradicar "la escandalosa brecha social que afecta nuestra convivencia", según la Conferencia Episcopal. Entre tanto, alrededor de 30 estudiantes secundarios se tomaron ayer por más de dos horas la sede de la oficina regional de la Unesco para presionar que el organismo se involucre en la crisis estudiantil. "Nosotros hicimos la toma pacíficamente y de esa misma forma salimos pacíficamente", dijo Javier Ossandón, líder de los estudiantes que participaron en la toma. "Hablamos con la señora Ana Luiza Machado (directora de la oficina) y le entregamos unas exigencias y ella nos respondió satisfactoriamente y por eso mismo hemos declinado la toma", dijo el joven. Jóvenes siembran semilla de inestabilidad Santiago. AFP. La movilización de los estudiantes de secundaria sembró un delicado precedente de inestabilidad social en Chile, un país que ha cultivado el orden como uno de sus mayores y más reconocidos bienes a nivel internacional, opinaron analistas. En más de un mes de movilizaciones, que incluyeron dos paralizaciones nacionales, los estudiantes lograron doblar la mano al joven gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, que pese a su reticencia inicial cedió en la mayoría de sus peticiones. Los escolares consiguieron recursos extras por $192 millones, destinados a ampliar el uso de un pase o pasaporte escolar para el transporte público, que les permite un pasaje rebajado, y la gratuidad de una prueba de selección universitaria para el 80% de los estudiantes que postulan. Bachelet se vio obligada a ceder frente a un movimiento que cuenta con un gran respaldo popular y una fuerza inusitada, capaz de convocar a más de un millón de estudiantes y profesores de todo Chile. Las movilizaciones en ambos casos fueron las más multitudinarias que se recuerden en Chile desde 1972, con violentos incidentes tras enfrentamientos entre estudiantes y la policía que dejaron más de 1.000 detenidos y decenas de heridos en sucesivas jornadas. Apoyo. El 87% de los chilenos apoya la movilización y un 83% estima que el Gobierno se manejó "regular, mal o muy mal" en este conflicto, según un sondeo que publica ayer el diario La Tercera. Las concesiones y el tibio manejo que mostró Bachelet sentarán un delicado precedente para futuras reivindicaciones de otros sectores sociales, como el gremio de los profesores o el de los empleados fiscales, que podrían protagonizar sus propias movilizaciones, según los analistas. "Vendrán tiempos de inestabilidad, de incertidumbre y de riesgo de la sociedad", advirtió el politólogo Marcelo Trivelli. En su opinión, después de 16 años de democracia en los que la sociedad chilena supeditó su comportamiento al orden y a la estabilidad, los ciudadanos sacarán ahora la voz para exigir una tajada del progreso económico que exhibe Chile, con un crecimiento de más del 6% los últimos dos años. "Este es el combustible que incitará muchas otras demandas", dijo el sociólogo Eugenio Tironi. "Es un hecho que se ha venido encubando en los últimos dos años, con una mucho mayor demanda por participar en los beneficios del sistema", agregó.
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