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La búsqueda de la libertad

El hecho de olvidar el compromiso con quienes nos rodean es vivir en la esclavitud

Víctor Ml. Mora Mesén
vmora@stfrancis.ed.cr
Director del Saint Francis College

El valor de la libertad es, sin duda, uno de los más apreciados en la sociedad. Expresa la profundidad de los anhelos humanos y el deseo de romper con todo lo que nos mantiene en la esclavitud. Sería fácil para cualquiera señalar los ámbitos en los que se careció de ella en la historia, sin embargo, lo que significa en realidades concretas del cotidiano no es tan sencillamente definible. Está claro que tiene que ver con el desarrollo de las potencialidades humanas, en especial con la capacidad de tomar decisiones. Pero determinar en cuáles condiciones podemos hablar de auténtica libertad en nuestra existencia es muy polémico. Por esta indefinición, la palabra "libertad" se ha vuelto uno de los conceptos más usados con fines ideológicos destructivos.

En particular, nos interesa el carácter alienante de la proclama política o social de la libertad, que ocurre cuando se la separa de la ética o de la moral. Se sostiene con simpleza hoy que la persona libre podría elegir un determinado conjunto de valores sin mediar razonamiento colectivo, ya que está de moda la idea de que el ámbito privado es inviolable, sobre todo en las preferencias o gustos individuales. Surge, entonces, la pregunta: ¿Acaso no es válida la experiencia vivida por otros para construir los fundamentos de nuestra propia conciencia? Este es el problema radical: se ha exacerbado tanto al individuo que parece que su experiencia de vida es un absoluto, más importante que lo que los demás sienten, piensan o desean. Nada más falso, puesto que los otros tienen un papel muy importante en la constitución de nuestra persona. No podemos negar que somos, en alguna manera, lo que la sociedad ha hecho de nosotros; pero no solo porque hemos nacido en un contexto social determinado, sino porque nuestra comprensión de las cosas depende del conjunto de significados que se ha ido formando en las relaciones interpersonales diarias.

Creadores y definidores. Nuestra capacidad de decisión y de comunicación, nos hacen parte activa en un intercambio dinámico, donde junto con los que nos rodean nos constituimos en creadores de ideas y definidores de valores. Eso implica que no nos construimos como personas en la soledad de lo privado, porque nuestra conciencia es el lugar del encuentro con los demás. Es allí donde la libertad se une con la verdad, entendiendo esta no en sentido intelectivo o conceptual, sino vital: lo que somos para y con los que convivimos. Sin embargo, con frecuencia esta relación entre libertad y verdad tiende a esquivarse porque nos desnuda, aunque sea esencial para que nuestro discernimiento ético o moral pueda ser auténtico y responsable. Si se obvian las relaciones humanas, se termina evadiendo la pregunta sobre la persona concreta, que será receptora de cualquier decisión asumida. O, lo que es peor, podemos caer en el facilismo de negar totalmente su importancia a la hora de definir las posibilidades de acción: ¿Considerándola a priori como "no realidad" porque nos incomoda su existir?

La frase evangélica "la verdad os hará libres" (Jn 8,32) se ubica en esta línea de razonamiento. Lo único que puede garantizar la destrucción de la esclavitud es el discernimiento fundamentado en nuestra relación con los demás. No es una doctrina que preestablece lo que la libertad es, aquello que puede ofrecernos la posibilidad de crear una sociedad libre de coacciones, es el reconocimiento de nuestra capacidad de afectar a otros con las acciones que elegimos, la base auténtica para empezar a crear relaciones más fraternales y, por tanto, más llenas de libertad. Olvidarse del compromiso histórico que tenemos con las personas que nos rodean, significa optar por vivir en las cadenas de la esclavitud.

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