|
|
|||||
|
|
En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Hace muchos, pero muchos años no escuchábamos de labios de algún político, ministro o gobernante lo siguiente: "Uno de los problemas más graves del país es que hemos renunciado al sentido de responsabilidad, al tiempo que hemos perdido el sentido de la autoridad". "La autoridad la hemos perdido tanto en el sentido de que quienes deben ejercerla no la ejercen, y quienes deben acatarla no la acatan, como en el sentido más profundo de que pretendemos ejercer la autoridad por la autoridad.". "Para que la autoridad sea realmente autoridad y, sobre todo, para que sea parte de un proceso educativo y formativo, debe ser una autoridad razonada y razonable". Este párrafo forma parte del mensaje o directriz del ministro de Educación, Leonardo Garnier, cursado a los educadores en los albores de su gestión y publicado ayer en este periódico. Es un llamado a una verdadera metarritmisis o cambio de íntima estructura en una sociedad que, en estas décadas, ha pretendido realizar la utopía de la vida en libertad sin responsabilidad (de algo y frente a alguien) ni autoridad. Se dirige, por ello, a toda la sociedad costarricense, cuyo tumor es este precisamente: la renuncia al sentido de responsabilidad y la pérdida del sentido de autoridad. Y, si la educación ha estado enferma de estos dos valores éticos fundamentales, la metástasis es general. Lo proclaman a voz en grito la política nacional y la gobernanza de este país. Lo verificamos, asimismo, en nuestra vida diaria, en el hogar, en la empresa y en las menudencias cotidianas. No es este un juicio vago y subjetivo. Es una dolorosa realidad comprobada empíricamente con solo oír, abrir los ojos y escudriñar las causas de nuestros problemas nacionales. El ministro Garnier ha exhibido nuestra desventaja comparativa, en la era de la globalización, y los pies de barro de la estatua de metal. Nos entreabre un horizonte salvador: el imperativo categórico, de volver a lo esencial -viviendo hacia delante y pensando hacia atrás, como aconsejaba Kierkegaard- de restaurar y revivir los principios y valores que hemos perdido y, al parecer, subastado, piedras angulares de cualquier pueblo que, en esta hora de nihilismo y relativismo, quiera construir un edificio sólido de supervivencia, lucidez y desarrollo. En nuestro sistema educativo, en la política y en la familia, deben entonarse de nuevo las palabras y los conceptos que, por tantos años, se han escondido y desdeñado, como utensilios arcaicos o conservadores: responsabilidad, autoridad, razón, respeto, que tantos mercaderes de la educación y de la política arrancaron de nuestras conciencias.
|
Enlaces comerciales: |
|||
|
© 2006. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido,
transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito del Grupo Nación GN S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Número telefónico: (506) 247-4747. Fax: (506) 247-5022. |