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Primera fila: ¡Pasión, Guima! Julio Rodriguez jurodrig@nacion.com Jefe de la Sección Opinión El entrenador de la Selección, Alexandre Guimaraes, censuró públicamente la deplorable actuación de los jugadores que, el jueves pasado, se enfrentaron a la Selección de Kurpfaltz, un "rejuntado" de tercera clase. Sin ánimo de ofender a los equipos femeninos de Costa Rica, cualquiera de estos lo habría hecho mucho mejor. Se comprueba, una vez más, que vamos, el 9 de junio próximo, hacia un hoyo negro. Pero, vamos al fondo de las cosas. El problema no fue este horrendo juego ni los anteriores. El problema no son las derrotas, sino el ridículo. ¿Por qué este espectáculo mundial de ineptitud? ¿Por qué, ante el capítulo más promisorio en 85 años de futbol profesional en Costa Rica -el partido inaugural en Alemania- la selección no arranca elogios ni respeto, sino conmiseración y risas? ¿Por qué este grandioso escenario histórico, en lugar de inspirar, abate y abruma a los seleccionados nacionales? La respuesta está al alcance de un niño. Un futbolista no es, como creen algunos, solo piernas y cráneo -prescindamos del cerebro- para patear o cabecear una bola, sino, sobre todo, alma, espíritu, inteligencia, razón, conciencia, voluntad, memoria, amor, emociones, pathos y todo el potente y generoso arsenal humano que Dios nos regaló. Si este arsenal se deja de lado, si el entrenador no les llega al alma a los futbolistas, si no hermana la razón con el corazón, por la pretensión de rechazar, en esta materia, a los expertos; si la línea de 3, de 4 o de 10 se trueca en dogma descarnado; si la táctica sustituye a la psicología, si el refinamiento y los mimos reblandecen el carácter y si los multitudinarios dirigentes del futbol nacional carecen de sensibilidad o cultura para percibir las causas de este desastre, ¿qué nos espera? Ya no hay tiempo de corregir las fallas técnicas de nuestros seleccionados. Eso se hace en casa. Solo tenemos una salida, que, al parecer, se perdió en la Selva Negra en Alemania: el espíritu. El espíritu es esa dimensión maravillosa del ser humano que lo hace acceder a lo más grande, capaz de vencer el miedo escénico mundial y enfrentarse, el viernes 9 de junio, con once pánzer germanos, en la inauguración del Campeonato Mundial. Señor Guimaraes, ya es tarde en todo, menos en lo principal: ponga al tope la moral de su tropa, compuesta por seres humanos costarricenses.
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