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Paranaense se adueñó ayer de Copa Saprissa Orden táctico brasileño le permitió sostener el empate y ganar por los penalesBoca desplegó sus virtudes técnicas, pero pagó caro por errores defensivos Roberto García H. rgarcia@nacion.com "¡Referí, cortala ya, viejo!" Desde el palco, la protesta a gritos de un dirigente argentino contra los fallos arbitrales, nos transportó al Cono Sur. Porque el tono de la final de la Segunda Copa Saprissa fue suramericano de principio a fin. ¡Cómo no!, si Paranaense de Brasil y Boca Juniors de Argentina disputaron ayer el trofeo. Los brasileños se impusieron por la vía de los penales (6 a 5), luego de que su disciplina táctica les había permitido sostener el 2 a 2 con que terminó el choque, para vencer merced al recurso ulterior y definitivo de la "ruleta rusa". Inicialmente ganaban por un cómodo 2 a 0, tras sacar provecho de dos errores de bulto de los defensores centrales argentinos. Estos permitieron a Edimar y a Eduardo Águila conectar sendos centros de Kaio, en dos situaciones de gol "gemelas". Por el oportunismo al perforar la meta. Por la orfandad defensiva en la zona central boquense. Boca Juniors -el campeón destronado- desplegó un mejor juego de conjunto, tanto que logró equilibrar el 0 a 2 con que perdía desde el principio. Sin embargo, el esquema que diseñó Leandro Carlos, técnico de Paranaense, cerró todos los portillos y el 2 a 2 se mantuvo. Luego, en la ejecución de los penales, el guardameta Vagner da Silva repelió dos disparos y se erigió en el "factor candado" que deparó el título a Brasil. ¡Las figuras surgieron! Kaio es alto y flaco. El número 15 brasileño corre con precisión y despliegue. Por momentos, parece que posee el don de la ubicuidad. ¡Qué bárbaro! Sobre su clase, zancada y sudor giró ayer la dinámica del conjunto rojinegro. Entre tanto, Ever Banega fue el motor de los argentinos. Con habilidad innata para conducir el balón, claridad para impulsar el pase y velocidad aceptable, Ever puso a jugar a Sebastián Fernández, un prototipo del clásico 10, quien fue el hombre que acortó las cifras con un disparo bien colocado, al 26'. Además, Sebastián sirvió en bandeja el segundo gol a Oscar Trejo, el goleador del torneo, al 30'. Las cuatro anotaciones que registró el cotejo se produjeron en el primer tiempo, una fase que tuvo calidad y controversia. Calidad, por las virtudes descritas; controversia, por causa de una mano de Ever Banega dentro del área argentina, que el juez Hugo Zúñiga, pese a que se encontraba muy cerca, no sancionó. El error del árbitro provocó la reaccción airada de uno de los asistentes de Paranaense, de inmediato al final del primer periodo. El hombre ingresó furioso a vociferar y a golpear a cuanto rival se encontrara en el camino, en busca del silbatero. Por fortuna no logró su objetivo y fue expulsado. El epílogo llegó con los lanzamientos desde el punto de penal. Y, entonces, el arquero Vagner da Silva se convirtió en la gran figura. Silencio y lágrimas. Con nobleza, los argentinos reconocieron su derrota. Y buscaron el túnel. En la cancha, ¡salto, grito, canto! Los nuevos monarcas recibieron la Copa Saprissa. ¡Y la levantaron!
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