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Migración nicaragüense deja de crecer Matrícula escolar de nicaragüenses empieza a decaer; nacimientos tambiénConstrucción y agricultura sufren por la escasez de mano de obra Esteban Oviedo y Carlos Hernández eoviedo@nacion.com La migración de nicaragüenses hacia Costa Rica dejó de crecer entre el 2003 y el 2005, al punto de que algunos sectores productivos ya tienen dificultades para encontrar trabajadores. Este cambio en la conducta migratoria se refleja también en las estadísticas de matrícula escolar y nacimientos. Desde el 2004, las escuelas y colegios registran una disminución de alumnos nicaragüenses, luego que en la década de 1990 su número subía hasta un 50% cada año. Mientras que en el 2003 el Ministerio de Educación registró 36.281 estudiantes del país vecino, en el 2005 la cifra bajó a 35.386. Los nacimientos de hijos de madres nicaragüenses también dejaron de crecer. El año pasado fueron 159 menos que en el 2003 (11.039 frente a 11.198). Es más, desde el 2001 el crecimiento anual de esos nacimientos es de un 0,8% en promedio, a diferencia de la década de 1980 cuando alcanzaba hasta un 18%. Para Luis Rosero, demógrafo del Centro Centroamericano de Población, las estadísticas son una clara señal de que la migración nicaragüense se estabilizó. "No quiere decir que ya no hay inmigrantes. Quiere decir que el número de inmigrantes que llega se compensa con un número probablemente similar de inmigrantes que regresan" a su patria, explicó el especialista. En busca de obreros. La pasada Semana Santa, la empresaria costarricense Leticia Fallas Romero intentó conseguir dos trabajadores en Nicaragua para su empresa de materiales de construcción. Pidió ayuda a uno de sus empleados que visitaría a su madre en Nicaragua para contratar a dos personas con garantías laborales, pero no los pudo conseguir. "Dijo que ya no es como antes, cuando venían en montones. Ahora estamos medio feos (los costarricenses). Veo que vienen menos porque se están abriendo fuentes de trabajo grandes. Están como Guanacaste. Yo mandé materiales allá para un centro comercial y una casa de lujo", relató la empresaria. La versión de Fallas la confirmó Rándall Murillo, director de la Cámara de la Construcción, quien dijo que la oferta de trabajadores nicaragüenses es escasa. Entre otras razones, atribuyó la situación a que en Nicaragua la construcción pasa por un período muy dinámico, lo que genera empleo y frena la migración. Freddy Obando, nicaragüense radicado en Heredia, contó que hace poco visitó San Juan del Sur, en su país, donde vio nuevos hoteles que proveen algunos empleos. Murillo añadió que otros sectores, como la siembra de melón, compiten por los brazos. Hacia El Salvador. Productores de caña de azúcar de la zona norte confirmaron que han perdido millones de colones por falta de mano de obra para cortar la cosecha. Según la Cámara de Productores de Caña de San Carlos, ahora muchos nicaragüenses prefieren ir a El Salvador. Nicaragua reportó un crecimiento mayor al 100% en el flujo de sus ciudadanos hacia ese país entre el 2001 y el 2005. Pasó de 62.000 a 133.000. El Salvador también confirmó que el año pasado recibieron a más de 100.000 nicaragüenses. Jorge López, radicado en El Jobo, Los Chiles, opinó que sus compatriotas ahora migran menos a Costa Rica porque "se sienten golpeados por los patronos que no pagan salario mínimo". Menos rechazos. Las direcciones de Migración de Costa Rica y de Nicaragua registran una drástica reducción de los rechazos y deportaciones de nicaragüenses. En el 2000 hubo 66.000 rechazos y el año pasado, 37.000. En cuanto a deportaciones, en el 2001 hubo 4.400 y en el 2004 solo 525 El director de Migración costarricense, Mario Zamora, atribuyó la situación a la falta de policías en fronteras, infraestructura de detención y a que muchos inmigrantes han legalizado su situación. Según la Encuesta de Hogares, hoy en el país hay 242.000 nicaragüenses, pero el ritmo de crecimiento bajó de un 11% en el 2003 a un 3% en el 2005.
Familia cañera perdió millones por falta de obreros Carlos Hernández y Esteban Oviedo eoviedo@nacion.com La familia de Guillermo Bonilla perdió ¢16 millones durante la última zafra por falta de obreros nicaragüenses que cortasen la caña de azúcar. Según relató Geovanni Bonilla, uno de los hijos, el grupo familiar se quedó quedó sin cortar 1.500 toneladas de caña en su finca de 400 manzanas en Cutris, cantón de San Carlos. Añadió que en años anteriores llegaron a contratar hasta 45 peones. Este año necesitaban 30, pero solo llegaron 12. El productor afirmó que desde hace tres años empezó a sentir la falta de trabajadores. Una posible causa, dijo, es el temor de los indocumentados a que la Policía de Migración costarricense los intercepte. Otra razón es que, desde hace dos años, las empresas piñeras demandan mucha mano de obra. Marta León, gerente de la Cámara de Productores de Caña de San Carlos, confirmó que muchos productores independientes no lograron cortar la totalidad de la caña este año por falta de cortadores. La molienda terminó en mayo cuando aún había mucha cosecha sin recoger, agregó. Lancheros afectados. Otros afectados por la nueva conducta migratoria de los nicaragüenses son los lancheros de Los Chiles, que realizan viajes hasta San Carlos, Nicaragua, a través del río Frío. Álvaro Arguedas, propietario de una embarcación, aseguró que el año pasado hacía hasta dos viajes diarios para transportar nicaragüenses, pero ahora solo hace uno cada dos semanas.
El nicaragüenses Juan González Carmona, también dueño de una lancha, recordó que hace dos o tres años se movilizaban hasta 400 personas diariamente y ahora, si acaso, viajan unas 40. González cree que la nueva Ley de migración, que entrará a regir en agosto, es un factor que ahuyenta a sus compatriotas. Para ese mes, todos los extranjeros deberán tener legalizada su estadía y trabajo en Costa Rica. Esa legislación también penalizará el tráfico de personas ("coyotaje") con cárcel, multará con montos hasta de ¢2,2 millones a quienes contraten trabajadores indocumentados y fortalecerá las funciones de la Policía Especial de Migración. Versión diferente. Otros productores de la zona norte -fronteriza con Nicaragua-, como Adán Sosa, más bien consideran que la inmigración no ha bajado y aún es fácil conseguir 100 peones en pocas horas. Sosa siembra yuca en Medio Queso, cantón de Los Chiles.
Pero Leda Vargas, directora de Migración en la zona norte, aseveró que ellos son testigos de una reducción de la migración. De acuerdo Vargas, el año pasado en la zona norte se rechazaban hasta 100 nicaragüenses a la semana, pero ahora no deniegan la entrada ni a 40. El director regional de la Fuerza Pública, César Esquivel, confirmó la versión de la jefa de Migración. El jefe policial comentó que antes era común detener 100 indocumentados en un operativo rutinario, pero ahora difícilmente encuentran 12. Seis hijos regresaron por mejoría en su país Carlos Hernández y Esteban Oviedo eoviedo@nacion.com Los seis hijos de Leonardo Hernández Sequeira regresaron a Nicaragua al considerar que en su país la situación ha mejorado, por lo que hay trabajo. Además, alegaron que aquí les pagaban mal y los explotaban. Hernández llegó a Costa Rica hace 16 años huyendo de la guerra civil y del desempleo. Los pocos trabajos que había "eran de hambre, solo alcanzaban para comer medio tiempo", dijo. Provenía de Nueva Guinea, en el entonces departamento de Zelaya, en el Caribe. Sus hijos crecieron en suelo tico, pero hace cinco años se fueron. Ahora trabajan allá en labores agrícolas. El menor tiene 17 años. Según Hernández, sus hijos le han contado que en El Salvador ofrecen mejores condiciones y estabilidad. En ese otro país centroamericano muchos nicaragüenses trabajan cosechando naranjas o cortando caña. Por su parte, el padre de familia dice que no ha considerado la posibilidad de regresar a su país porque en Costa Rica ya tiene su casa y su trabajo. Mejor aquí. Otros nicaragüenses radicados en Costa Rica, como Juan Olivas Zamora, consideran que en su tierra quizá sí hay trabajo, pero es mal pagado, por lo que es mejor estar aquí. Olivas trabaja como guarda en un barrio herediano y proviene de Matagalpa, ciudad ubicada a 130 kilómetros al norte de Managua. "Hace diez años no había empleo de nada. Ahora hay comercio, pero se gana poco", añadió el trabajador. Pese a que para él aquí la vida es mucho más cara y el salario "lo debe antes de recibirlo", Olivas prefiere no regresar. "Si hubiera trabajo allá, ¿para qué estaría aquí? Uno desearía estar en su país, daría la vida por estar ahí", agregó. 'Le he ofrecido pagar más pero dijo que no' Esteban Oviedo eoviedo@nacion.com "Entiendo que ya muchos nicaragüenses se fueron. A mí se me fue el mejor, trabajó conmigo como diez años. Le he ofrecido pagar más, pero dijo que no". Así lamentó la empresaria costarricense Leticia Fallas Romero la partida de uno de sus empleados nicaragüenses, quien regresó a su país a trabajar en actividades agrícolas. Fallas tiene una empresa de materiales de construcción en Escazú, San José, en la que, entre muchas otras cosas, vende esculturas de piedra. Según comentó, ese empleado era muy hábil para la confección de esculturas. Empieza a escasear. La empresaria insistió en que empieza a escasear la mano de obra nicaragüense, que ella aprecia mucho. Fallas relató que la semana pasada pidió al chofer de un camión de la empresa que buscara personal, pero no lo encontró. Ella, además, tiene un tajo en Desamparados, para el cual pidió a uno de sus empleados que le consiguiera personal en Nicaragua, pero no encontró. "Yo no entiendo. Pongo la emisora Faro del Caribe en donde hay un programa para buscar trabajos. Una media hora es para los que buscan empleos; antes se escuchaban números de teléfono. Busco ahí y ya no hay", comentó la mujer.
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