|
|
|||||
|
|
Ojo Crítico Rodolfo Cerdas Ha hecho bien don Jorge Guardia al condenar que se premie con un nombramiento en el Gobierno a algunos de los cirineos del viejo plan fiscal. Sus servicios incluyen que, en la última sesión, con un espíritu más de cuartel que de parlamento, aprobaran extraer y tramitar el capítulo de renta del proyecto que acababa de ser declarado inconstitucional por la Sala IV. La maniobra, acordada entre los abrazos, sollozos y discursos de despedida de los diputados, ni siquiera se disimuló con un informe de la Comisión de Constitucionalidad sobre el fallo de la Sala, ni menos con una evaluación de sus alcances. De súbito, sin aviso, ni publicación, se presentó y se aprobó, sin discusión, ya no una moción, sino una normativa completa, nueva, extensa y mutiladora de los derechos parlamentarios. El acuerdo, en sí mismo, constituye todo un cuestionable minirreglamento, creado expresamente para el trámite ad hoc y la aprobación forzada del capítulo de renta del plan fiscal. Pareciera que, para algunos, 38 votos son mágicos y bastan no solo para alterar a su capricho el Reglamento Interno y anular los estorbosos derechos de sus opositores, sino, si los dejan, para cambiar hasta el sexo de las personas. La asechanza es resultado de una doble hambre: la de más impuestos y la de un puestecito en el nuevo gobierno. Para conseguirlos, se acudió a la sorpresa y la deslealtad parlamentaria y al espíritu de los "decretos de medianoche", de que gustan algunos políticos cuando tienen que alejarse del poder. Estos políticos no ven que así obstaculizan una reforma eficaz y viable del impuesto sobre la renta y desvían el debate a los procedimientos, al violentar torpemente los derechos de los demás. La maniobra fue un intento de imposición de la anterior Asamblea sobre la nueva para que esta discutiera, conforme a su dictado, el proyecto que aquella quería y lo decidieran conforme a sus así here- dados deseos. Ahora resulta que uno de los más activos defensores del viejo plan fiscal, que se autojustificaba invocando a la patria, la justicia social y el PUSC, como que más bien se aseguraba la justicia para sí, con un puestecito de asesor personal del presidente Arias, posiblemente como experto en martingalas legislativas. Como decía don Julio Acosta, "si hay gloria, no hay paga; pero si hay paga, no hay gloria". El Presidente, premiando tan nefasto proceder, en lo político complica la posibilidad de una reforma más profunda y racional, y, en lo ético, asume el dilema de Sor Juana sobre quién peca más: si el "que peca por la paga, o el que paga por pecar".
|
Enlaces comerciales: |
|||
|
© 2006. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido,
transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito del Grupo Nación GN S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Número telefónico: (506) 247-4747. Fax: (506) 247-5022. |