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Ancianos, ¿seres aparte? Mejor comprensión basada en el cariño es labor de la familia y la sociedadJetty Gross Robles murumvi@gmail.com Microbióloga inmunóloga Una madre decía: "Yo los castigo por eso, pero no me hacen caso", lamentándose de que sus hijos no respetaban a los abuelos. Lo que quizá ella y otras personas desconozcan es que tales conductas a menudo se incuban desde la más tierna infancia, cuando el niño comienza a formarse la imagen de quienes lo rodean. Los niños perciben en los adultos las expresiones negativas referidas a los ancianos, en ocasiones reveladoras de poca estima a sus opiniones, irrespeto y hasta actitudes que rebajan la autoridad de los adultos mayores de la casa ante los demás miembros de la familia. A veces son incidentes sin importancia del acontecer doméstico, pero el menor los asimila y pueden influir en su formación y generar comportamientos irreverentes hacia las personas mayores. Cambio de actitud. Hay nietos que adoraban a sus abuelos, pero, según van creciendo, cambian su actitud hacia los familiares de mayor edad y llegan incluso a relegarlos; porque se han vuelto imposibles, ya no hay quien los soporte, lo que se refleja en las actitudes y frases irrespetuosas, los comentarios peyorativos y otras reacciones de los adolescentes. La convivencia de varias generaciones bajo un mismo techo, lejos de representar gran riqueza humana para todos los miembros de la familia, genera muchas veces situaciones que son fuentes directas de falta de respeto, subestima y contradicciones frecuentes en los hogares donde están representadas todas las edades. Ancianos, adultos, jóvenes y niños comparten la vida familiar, pero, generalmente, el eslabón más débil es el anciano, cuya posición en el seno hogareño deja bastante de que desear, a veces. Pugnas indeseables. Si las relaciones son armónicas con el resto de la familia, el anciano se siente estimado por los suyos, que los aman y respetan. Sin embargo, en muchas ocasiones hay actitudes de intolerancia referentes a los hábitos y gustos de los viejos, que son criticados e incomprendidos por los adultos. Se les dice que van perdiendo facultades, que están seniles y se cae en pugnas generacionales que solo logran desconsideración y merma de los derechos de las personas de avanzada edad. Esto sucede por la incomprensión ante el proceso de envejecimiento, por el que todos debemos pasar si no morimos prematuramente. De ahí que las manifestaciones de rechazo que los hagan sentirse un estorbo, la desatención, el desprecio y hasta el silencio mantenido devienen formas de maltrato, de intolerancia que, aunque por suerte no se manifiestan igual en todas las personas, resultan psicológicamente lesivas para el anciano que las soporta. La vejez llega con rapidez. Comprender las dificultades de este proceso que incide grandemente en la dinámica de la familia, asimilarlo en aras de una mejor comprensión basada en el cariño, es labor de la familia y la sociedad que, en nuestro caso, tiende a envejecer aceleradamente, según las perspectivas demográficas.
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