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50 años después. Del viaje de don Pepe a Europa, en 1956, al del presidente Arias, el próximo lunesAlvaro Murillo M. Periodista En setiembre de 1956, don Pepe pedía permiso al Congreso para hacer un viaje parecido al que Arias emprende el lunes por varias ciudades europeas. Las intenciones del viaje, las circunstancias del momento y las características de los presidentes permiten hacer una comparación interesante para comprender el sentido de la expedición de Arias. Cuando Figueres explicó en La República su periplo, la "Europa renacida" compartía el tiempo con la revuelta comunista en Asia. Los árabes se rebelaban contra las dominaciones occidentales en el Medio Oriente y norte de África, y las peleas raciales campeaban en el África negra. Estados Unidos se erigía como centro económico de Occidente, y América Latina pagaba con la marginalidad su relativa calma. Europa ya renació, recreció y hasta presenta síntomas de un cansancio político que, sin embargo, no golpea la robustez económica tan tentadora para los políticos del mundo. La complejidad árabe se convirtió en tema mundial y las peleas raciales africanas han derivado en un nudo de etnias, fronteras a lápiz, gobiernos sucios y manoseo "blanco". Asia lejana parece haberse espantado de su comunismo y ahora muestra su habilidad para aplicar los métodos del capitalismo más evidente: el que se hace, no el que se dice. EE. UU. capitalizó un poderío sobre el resto de actores mundiales tan apabullante, que incluso provoca distorsión en muchos de ellos y la tentación de pensar que esa fortaleza es mayor de lo real. Y América Latina... ya ven, paseó por la turbulencia durante dos o tres decenios y ahora vuelve a pagar su relativo sosiego con la marginalidad en la economía global, es decir, la nueva política mundial. Salvo por las espectaculares descomposturas de Hugo Chávez y los pocos Gobiernos que lo aplauden en el continente, casi nadie habla en Europa de este "mercado" de 400 millones. Vocero regional. Y allá va Arias con su orgullo de vocero regional. Irá a hablar sobre empleo y a cabildear el acuerdo de asociación que la Unión Europea y Centroamérica anunciaron hace un mes; a promover inversiones y, sin duda, apoyo político para sus planes de desarme internacional y replanteamiento de los esquemas de ayuda internacional. Tal como ocurría en 1956 y entendía don Pepe, las conversaciones económicas con los europeos deben concebirse en un marco triangular, por la incidencia de Estados Unidos en cualquier negocio trasatlántico. Los negocios de Costa Rica con los estadounidenses y europeos, como en la mayoría de los países latinoamericanos, se activan con energías simultáneas y recíprocas entre dólares y euros, como un péndulo que cada vez cobra más impulso. Costa Rica es parte de esa América Latina que, dado su potencial político y peso geográfico y demográfico, cobra respeto en la Unión Europea en la medida en que resulte interesante para EE. UU., y viceversa. Pero habrá que ver cómo promociona Arias y su comitiva el TLC con Estados Unidos. Sería imprudente vender a los europeos un trampolín hacia el mercado gringo, dando por cierta la ratificación que ahora es solo presumible. No se vale paliar la liviandad geopolítica de Centroamérica con garantías aún pendientes. Valgan las palabras de don Pepe para el primer viaje de Arias en esta administración. "No nos hacemos ilusiones simplistas, de realizaciones en corto plazo"; "Es de esperar que se establezcan al menos líneas generales de entendimiento, para facilitar algunos negocios que se estudiarán después"; y "No iré de paseo, sino a trabajar en la medida de nuestras capacidades". El lunes se va el avión.
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