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Al Grano Édgar Espinoza edgarespinoza@costarricense.cr A ver. Hagamos el siguiente ejercicio. Elijamos una institución pública cualquiera (ICE, CCSS, INS.) y preguntémonos por su verdadera razón de ser. La respuesta será inobjetable: servir a través de personal idóneo a los costarricenses que pagan para ello. Hasta aquí, todo muy lindo y precioso. No obstante, veamos lo que ocurre hoy. Dos fuerzas se confabulan para repartirse esa institución: la política y la gremial. La política, para procurar en su favor jugosos negocios tipo Alcatel, Finlandia, tierras, reaseguros, pensiones de lujo, premios, fondos de emergencia y comisiones del 60% pa'mí y el 40% pa'vos. Y la gremial, para procurar en el suyo prebendas y regalías de toda suerte: si se muere alguien, si resucita, si se casa, si se resfría, si le da vuelta la mujer. ¿Consecuencias? Están a la vista. Como los negocios son para los políticos y no para la institución, esta trabaja con las uñas: equipos médicos chatarra, servicio celular caótico, cero plata para arreglos, medicamentos de segunda. Y, como el resto de las gollerías son para los sindicatos, ningún presupuesto alcanza para hacer obra social y pública ni ser eficiente. Ahora bien. Si a esa institución que usted escogió para este ejercicio le suma todas, entenderá mejor lo que ambas fuerzas han hecho de nosotros. ¿Qué país puede levantar cabeza así? Por eso, necesitamos una pequeña Revolución Francesa a la tica para, a base de un patriotismo bien entendido, acabar aquí con ese absolutismo medieval. No puede ser, por ejemplo, que, por el hecho de trabajar unos pocos años, cualquier alto jerarca público, gracias a una legislación hecha a su medida y al compadrazgo político, se pensione con ¢6 millones que le pagan puntualmente al mes mientras muchos escolares no tienen, ni ese mes ni el próximo ni nunca, pupitre, aula y transporte. ¿Por qué ese mes, y todos, hay siempre un lujo en el bolsillo del amigo político o el agremiado sindical que se benefician con leyes cuestionables, y no para que nuestros niños pobres coman, ni para que haya más camas, ni para carreteras decentes, ni para puentes bien hechos.? Ninguna Costa Rica podrá sobrevivir jamás a esas condiciones mientras haya una clase política gobernante coludida con gremios para repartirse el patrimonio nacional a costa del resto de la población. Es hora de empezar una limpieza de castas, y quizá las últimas resoluciones de la Sala IV contra tantos privilegios sean un primer indicio. Dios me oiga.
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