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Ser y no ser Tan asombroso como la existencia del ser es el hecho de que sea múltiple y cambianteFernando Leal ¿Por qué existe el ser y no, más bien, la nada? La extraña "pregunta metafísica" no admite por respuesta un llamamiento al hecho, pues precisamente es por el hecho de la existencia del ser por lo que se pregunta, de manera que no podemos responder que sencillamente ocurre que es así. Sin embargo, lo más extraño no consiste en la pregunta por el ser, sino en la interrogación por la nada, pues cabe muy bien explicarse que se pregunte por aquello que se es -quien pregunta forma parte del ser: de otra manera no podría formular ninguna pregunta-, o por aquello que se presenta, pero por lo que no se es ni se presenta, ¿cómo ha sido posible preguntarse? Tan asombroso como la existencia del ser es el hecho de que sea múltiple y cambiante, que los modos de ser aparezcan y desaparezcan, de manera que allí donde hubo una forma de ser luego hay otra distinta. Los modos del ser en devenir una vez son y luego no son: este paso de ser a no ser abre la perspectiva de la idea de la nada, y la relación de la idea de la nada con el devenir del ser nos explica por qué nuestra idea de la nada es relativa, pues pensar una nada absoluta nos resulta imposible, puesto que para pensar en ella tendríamos que desprendernos de nuestra vinculación con el ser, y lo que no es no puede actuar ni pensar. Idea relativa. No obstante, Parménides de Elea, el primer gran teórico del pensamiento, negó tanto la posibilidad de pensar el ser desde el no-ser, cuanto pensar la nada desde el ser, precisamente porque partía de una idea del ser que no admite los modos de ser sucesivos y contrarios, los cambios propios del ser en devenir. Solo existe relación donde hay distinción y separación, y como la idea de la nada es relativa al ser en devenir, es imposible pensar el no-ser por los caminos del pensamiento del ser que es, y justamente el ser de Parménides no admite distinción ni separación algunas: es plenamente uno, carece de partes y, por tanto, de movimiento. Es eternamente inmóvil y se encuentra limitado solo por sí, de donde resulta que no hay un fuera del ser en que cupiese pensar otro ser o bien la nada. Cómo ha sido posible pensar este ser uno, único, eterno e inmóvil, desde nuestro modo de ser humano, sucede con el auxilio de la diosa que abre a Parménides el acceso al camino de la verdad. De esta manera, la racionalidad naciente requirió el apoyo mágico del mito pues la negación de que se pueda pensar que el ser no es y que el no-ser es, limita el pensamiento a la idea de un ser que, en su eterna inmovilidad, impide el móvil discurso del pensar. Por esto precisamente, la coherencia de los discípulos de Parménides los llevó a la negación de la realidad del movimiento, propio de un mundo de simples apariencias. En efecto, Zenón de Elea propuso sus cuatro famosos argumentos con el propósito de negar la posibilidad del movimiento. Dice que no se puede cubrir la distancia de un estadio, pues siempre se debe llegar primero a la mitad del estadio, pero antes a la mitad de la mitad, y así sucesivamente. En una carrera, Aquiles no alcanzará a la lenta tortuga, si esta cuenta con alguna ventaja, pues mientras Aquiles corre una distancia, la tortuga avanzará otra que la mantendrá distante, y así por siempre, aunque la distancia se reduzca infinitamente. Una flecha no logrará la diana, pues en cada momento la flecha se encuentra inmóvil respecto del espacio que ocupa, y, como siempre se encuentra en un espacio, siempre está inmóvil y ni siquiera sale del arco. No describo el cuarto argumento, llamado de las dos masas, pues contiene defectos de concepción. Pero tan imposible es pensar la nada como el ser absoluto, y de hecho nosotros pensamos en el ser y la nada desde la relatividad y por la relatividad del ser cuyos modos pasan de la existencia a la in-existencia. Por tanto, "absoluto" equivale a "impensable".
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