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Charles y Edwin Mauricio Martínez S. mmartinez@nacion.com El limonense Charles Thompson y el sancarleño Edwin Ocampo se convirtieron esta semana en "puntas de lanza" de una realidad que nos machaca y nos insta a no cruzarnos de brazos. Thompson es un saloreno de 62 años que todos los sábados termina su labor a las 4 de la mañana y, cuatro horas después, se convierte en un alumno de sétimo año en un novedoso proyecto de bachillerato a distancia. Su extenuante jornada, entre clientes y botellas, no le ha impedido luchar por un sueño, ese que la vida y las difíciles condiciones económicas del hogar le negaron cuando abandonó los estudios para ayudar a su padre en el mantenimiento de ocho hermanos. Hoy, Charles se muestra atento, interesado y lleno de energía. No solo quiere ser bachiller, sino que ansía seguir estudios universitarios de Administración de Negocios y tener una empresa propia. "Estoy tan entusiasmado que los sábados no duermo por ir a las tutorías, y el sacrificio vale la pena", dice. Más hacia el norte, en San Rafael de Pocosol, San Carlos, hay un varoncito que parece condenado a seguir los pasos infantiles de Charles. Edwin tiene 14 años y en el 2005 dejó el sétimo año en el colegio local para ayudar a su padre, viudo, y permitir que otros dos hermanos concluyan sus estudios. Uno de ellos está en sexto y el otro cursa décimo año. Ese muchachito trabaja hoy ocasionalmente en un vivero, pero conserva intactas las ilusiones de retornar a las aulas. ¡Cómo cambiaría esta historia si Edwin al menos tuviera acceso a una de las 47.000 becas que se desaprovechan por tanta burocracia, o al estipendio que anuncia el Gobierno! Sé que no es la solución definitiva pues las razones de la deserción son muchas y muy diversas; pero, al menos, sería un paliativo y un estímulo para retornar a las clases. La tarea de las nuevas autoridades educativas también es inmensa. El informe Estado de la educación advierte sobre añejas limitantes en el proceso formativo de nuestros jóvenes: clases aburridas, falta de apoyo y de preparación de los profesores, diferencias metodológicas entre la escuela y el colegio, y las reiteradas debilidades de los educandos en Matemáticas, Inglés y Estudios Sociales. Que los ejemplos de Charles Thompson y Edwin Ocampo sean el acicate para emprender esas urgentes mejoras.
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