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Sueño grandioso El sueño de Franklin Chang y el libro Un punto azul pálido de Carl SaganEric Mora Morales Miembro de la Academia Nacional de Medicina La materialización del sueño del distinguido compatriota Franklin Chang, al construir su laboratorio de tecnología espacial en el campus de la Universidad Earth en la finca La Flor, Liberia (La Nación, 16/7/06), nos hace recordar lo escrito por Carl Sagan en su libro Un punto azul pálido. En esa obra se presenta "una visión del futuro humano en el espacio", y señala que el ser humano estará poblando otros mundos en el universo,porque, como dice en la introducción, fuimos nómadas desde los comienzos y necesariamente lo seguiremos siendo, viajando al universo, buscando otros planetas donde vivir porque las condiciones para seguir habitando la Tierra serán totalmente imposibles de sobrellevar, por no señalar primero que el sistema solar dejará de existir. Lejano futuro. Por suerte para nosotros, esto sucederá en un futuro muy lejano. Pero si la raza humana, para entonces, ha decidido permanecer en el universo como especie, debe haber salido a explorarlo, buscando lugares más amigables, desde mucho antes que esa catástrofe cósmica suceda. La exploración espacial requiere naves que permitan cumplir con este sueño o necesidad, y los ingenieros de tecnología espacial ya empezaron la labor. Sagan señala que los viajes espaciales de multitud de naves tienen como objeto conocer la ciudadela donde vivimos, y así la nave espacial Voyager 1, alejándose del Sol a 65.000 kilómetros por hora, tomó fotografias del entorno del sistema solar y más allá, donde nuestro mundo aparece como un pálido punto azul en el espacio, infinitamente pequeño dentro de la inmensidad de la galaxia en que nos encontramos. Fuera del sistema. El problema comienza porque las posibilidades de encontrar un mundo acogedor en nuestro sistema solar son muy pocas, por no decir inexistentes. Entonces, será necesario, cuando el hombre decida salir de él, viajar a sitios muy lejanos, inimaginables antes, vistos y fotografiados ahora por el telescopio Hubble. Pero las naves actuales no podrán llegar ahí. Los combustibles de esta época de ninguna forma lo permitirían. Es entonces cuando una mente preparada científicamente y además soñadora, como la del doctor Franklin Chang, trabaja incansablemente en lo que seguro son los primeros pasos para encontrar un combustible que permita a los hombres dar un segundo paso en la colonización del cosmos, el planeta Marte. El primer paso ya fue dado precisamente cuando se llegó a la Luna en 1968. Así, el motor de plasma, en el que el doctor Chang está materializando sus hipótesis científicas, podría ser el que mueva a la nave espacial que lleve al hombre a otros sistemas solares. Este es el significado, a mi entender, del primer paso que este costarricense ilustre está dando, para gloria de la humanidad, en nuestro bello Guanacaste.
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