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El fracaso de la revolución

¿Puede haber mayor injusticia social que prohibir a una persona movilizarse libremente?

Rolando Guzmán Calzada


El Cónsul General de Cuba en Costa Rica, señor Jorge Rodríguez Hernández, publicó "Utilicemos bien la aritmética" (Foro, 1.°/7/06) en respuesta a mi artículo "Cuentos chinos" (Página Quince, 19/6/06).

Algunos de los argumentos que expone el señor cónsul son tan increíbles como reprochables, y en buena medida desilusionantes. Olvida don Jorge que en Costa Rica vivimos en una democracia, en donde todos los habitantes, sin excepción, tenemos el derecho de pensar, opinar, criticar y exigir. Situación diametralmente opuesta a la que se vive en Cuba, en donde el Dictador es el único que goza de dichos privilegios. Por tal razón difiero categóricamente y no puedo aceptar cuando don Jorge recomienda que "Sobre el llamado 'libre comercio', la posición de Cuba es bien conocida y ese es un tema de debate interno en el que no nos corresponde opinar". Me va a disculpar, don Jorge, pero opinar es algo que a mí y a mis 4 y medio millones de compatriotas sí nos corresponde y nos enorgullece hacerlo.

Índice de suicidios. A propósito de opinar, yo opino que en Cuba hay 10 millones de personas ansiosas, deseando que llegue el día en que puedan opinar sin miedo a represalias, que puedan defender y decir en voz alta las cosas que piensan, que puedan leer los libros que quieran, e informarse en programas de radio y periódicos independientes. ¿Qué dignidad personal pueden tener los cubanos cuando el Gobierno asumió el control total de sus vidas y es el que les dice dónde pueden trabajar, quiénes tienen derecho a estudiar, cuánto pueden ganar, cómo deben gastar su dinero? El cubano no puede soñar con un mejor destino, razón por la cual tienen uno de los índices de suicidios más alto del mundo.

Aun así, el señor cónsul cubano, con una alta dosis de cinismo, afirma que "aún no hemos alcanzado toda la justicia social a que aspiramos, pero trabajamos arduamente por lograrla en un futuro cercano". Si hay algo de lo que Cuba carece y que en el vocabulario revolucionario no existe, es la justicia social. Y si no, pues que alguien me explique qué justicia social puede haber cuando Castro es uno de los hombres más ricos del mundo y su país es el más pobre de Latinoamérica después de Haití. ¿Qué justicia social puede haber cuando el mismo don Jorge acepta muy orondo que en Cuba una familia de 4 personas puede vivir con una ridícula suma mensual equivalente a ¢2.825? Las cifras que se manejan a nivel internacional indican que la gente que vive en extrema pobreza son aquellos que ganan menos de $1 diario, mientras que a los pobres cubanos el sistema los tiene sobreviviendo con míseros 4 centavos de dólar diarios y con tarjetas alimentarias que apenas alcanzan para comer una semana por mes. Así, el triste resultado de esta hambre generalizada es una grave epidemia de desnutrición, con secuelas como la avitaminosis y la neuritis óptica.

Realidad disfrazada. El régimen cubano se niega a medir su economía con estándares internacionales, por lo que disfrazan la realidad con sus propias cifras alegres. Una vez que terminó el subsidio de Rusia, que alcanzó aproximadamente $100.000 millones a lo largo de 30 años, Cuba estaba en peores condiciones que cuando se asoció a los soviéticos. De ahí en adelante, las escuelas y los hospitales, los trapitos de dominguear del régimen, se volvieron incosteables, por lo que hoy son lugares inhabitables, sin libros y lápices los unos y sin anestesia y aspirinas los otros. No así los hospitales de los turistas, a los cuales los ciudadanos comunes no tienen acceso. Al verse con la soga al cuello, a Castro no le quedó mas remedio que hacerse capitalista e incentivar la inversión extranjera. Los cubanos de la isla no pueden ser empresarios; sin embargo, cualquier foráneo que quiera abrir un negocio o un hotel debe asociarse con Castro, eso sí, todos los salarios de los empleados, salarios competitivos, se le pagan al Gobierno. Si el sueldo de un empleado son $500, el Gobierno se deja $485 y al empleado se le dan $15. Sobra decir que este modelo de explotación y esclavitud ha resultado muy rentable para el régimen. Además, Castro legalizó la tenencia de dólares y, paradójicamente, la mayor fuente de ingresos de la isla son los mas de $1.000 millones anuales en remesas familiares enviados por los cubanos de Miami.

Volviendo a la justicia social, ¿puede haber injusticia social más grande que prohibirle a un ser humano movilizarse libremente? Cualquiera que quiera salir de Cuba tiene que hacerlo huyendo, lanzándose al agua en cualquier cosa que flote, jugándose el chance de que se lo coman los tiburones con tal de no seguir viviendo bajo el régimen. Entre un 20% y un 40% de los balseros mueren en el intento.

Don Jorge, Costa Rica es un pequeño país desarmado, que ha logrado buenos niveles de desarrollo humano, educación gratuita, buena cobertura en servicios de salud, con libertad de expresión, de movimiento, con derecho a votar y elegir a sus gobernantes; todo se ha logrado sin revoluciones, sin exiliados, sin presos políticos, en un marco de verdadera justicia social. Nunca es tarde para aceptar que la revolución ha sido un fracaso; con un solo golpe de timón los cubanos pueden salir del oscurantismo y comenzar a vivir con dignidad.

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