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Andrea, la intrusa Víctor Fernández G. El que se mete aguanta. Así lo ha comprobado, en carne propia, la diputada Andrea Morales. Su pecado no fue el posar en yines para una revista masculina. eso es un cuento de la prensa. El gran pecado de Andrea fue meterse, con su etiqueta de "joven" puesta en la frente, en un mundo donde ser "adulto" es un requisito que raya en la exigencia. Los diputados, los "padres de la patria" , son ante todo adultos. Eso está escrito en piedra. De ahí se entiende que Andrea, con apenas 25 años, no sea la preferida de algunos de sus colegas. Hasta raro se les debe hacer decirle "señora diputada Morales" a una muchacha que es menor que muchos de sus hijos. No conozco a Andrea en persona, pero soy feliz en admitir que me cae bien (y no solo por compartir el gusto hacia Pearl Jam). En vez de igualarse a las diputadas prehistóricas, la legisladora menor se ve a sus anchas en mezclilla y camiseta. el mismo atuendo que usa la gente que votó por ella. Andrea no finge, no tiene por qué hacerlo. Ella es joven y ejerce esa condición sin vergüenza, a pesar de que para sus colegas la juventud sea equivalente de rebeldía y desfachatez. Así lo dio a entender un diputado muy vociferante al criticar la decisión de Andrea de dejarse fotografiar en "ropa de civil" en el Salón de Beneméritos de la Asamblea Legislativa, imagen que apareció en el primer ejemplar de la recién lanzada revista SoHo. Aquel "atrevimiento" fue suficiente para que sus compañeros e incluso su jefa de bancada se rasgaran las vestiduras. En respuesta, la joven solo nos recordó dos conceptos: mojigatería e hipocresía. Vaya si tiene razón. Mojigatería de parte de una prensa que es feliz en hacer famosas a "modelos" que se ganan la vida exhibiendo calzones en cuchitriles. Hipocresía de los diputados que se recetan vacaciones con apenas dos meses de trabajo. Andrea es una diputada atípica. No le da alergia el hablar con la gente común. La hemos visto frustrada por rogarles a otros legisladores para que asistan a las sesiones de la Comisión de Juventud, Niñez y Adolescencia que ella preside. Pareciera que en Cuesta de Moras solo ella tiene un sincero interés en los que todavía no portan cédula. Al cabo de cuatro años lo que importará no será qué piensen de ella las señoronas con clósets llenos de trajes de diseñador. Tampoco importará la impresión que deje en diputados cuya preocupación es acumular minutos-televisión y amarrar un puestico en el gobierno que venga. A Andrea la recordaremos aquellos a los que la palabra "joven" no nos arruga la cara. Ella llegó a la Asamblea con muchos objetivos, pero no para jactarse de ser una "madre de la patria". Y eso se le agradece.
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