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Cal, arena y salud Encontrarse en medio de una ciudad poco saludable enferma a las personasVladimir Carazo doctorcarazo1@costarricense.cr Médico Hace 30 y pico de años, como profesionales nuevecitos y flamantes, llenábamos un vacío en el país, recibíamos becas, lográbamos capacidad de pago y, como también fácilmente comprábamos terreno, teníamos varias cosas práctica- mente seguras: trabajo, especialización, carro y casa. Hoy el panorama es muy diferente. Por esto, aun cuando he soñado con la repoblación del centro de San José y sus edificios ya construidos pero vacíos, me alegra el proyecto ( La Nación, 7/7/06, pág. 5A) de 3.000 viviendas para las que podrán optar jóvenes profesionales. Pero, con la manía de pensar en términos de salud pública, me he preguntado: ¿A un carro por casa, aguantarán 3.000 vehículos más las siempre congestionadas vías de comunicación que drenan hacia Hacienda Vieja y hacia Plazoleta? ¿Y si las casas son de a dos carros, más todos los visitantes, taxis, repartidores, etc.? ¿A pareja por casa, habrá agua para todos? ¿Y a pareja con uno o más niños o adultos serán suficientes las alcantarillas y los desagües? ¿Dónde se va a procesar la basura? ¿Estaremos creando al fin un ambiente saludable o.? Continuando con el hábito de analizar "a lo salubrista" y hablando de ambientes, me atreví a pensar, o a soñar, que los hospitales fueran ejemplo de ambientes curativos, sobre todo sabiendo que los mayores productores de salud son los hábitos y los ambientes saludables. Qué bueno que en la reconstrucción del incendiado Hospital Calderón Guardia ya se esté saliendo del aletargamiento ( La Nación, 8/7/06, pág. 5A). Sin embargo, la atención de los enfermos no depende solo de torres, angiógrafos y hemodiálisis; es esto y mucho, mucho más, porque estar en medio de una ciudad poco saludable enferma a las personas y los edificios no saludables también producen enfermedad y retardan la curación. La necesidad de crear ambientes y edificios saludables no es tema que soslayar; es algo esencial que no hay que perder de vista. Nuestra Gran Área Metropolitana con su inseguridad, hacinamiento, humo y otras especies, no es un ejemplo de hábitat saludable. Sus hospitales tampoco lo son, y esto disminuye el bienestar de los pacientes y de quienes los cuidan, y se opone al enorme esfuerzo profesional e institucional por curar a los enfermos. Sí se puede. En una noche de operativos del Tránsito: 140 partes por hora y 70 autos detenidos a choferes borrachos ( La Nación, 4/7/06, pág. 4A) quieren decir que sí se puede. Droga, imprudencia y violencia son causas de accidente y muerte; pero también son efectos, síntomas de un mal que tiene muy enferma a la sociedad y que requiere diagnóstico y tratamiento causales; ese profundo miedo colectivo a vivir, a un futuro riesgoso, a peligros que se sienten cada vez más cerca, no debe ocultarse, sobre todo porque la mayor parte de esos peligros los estamos causando los mismos seres humanos y las reglas que inventamos dizque para vivir mejor. Una de cal, otra de arena, y así la mezcla será buena, reza el decir popular. En los tres asuntos citados, algo le falta a la mezcla: una dosis de Salud Pública. Salud Pública no es solo dengue o gripe aviar; es la vida diaria, el modo de vida, la calidad de vida. La salud es un producto social que requiere un proyecto nacional. La Salud Pública es pensamiento estratégico constante para crear ese proyecto, para ir más allá de la apariencia y de la rutina en todos los aspectos de la vida social e individual. Es prever e innovar. Es acción inteligente para modelar, de previo, las consecuencias de la acción futura. ¡Salud Pública! ¡A veces te echamos tanto de menos!
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