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Una enfermedad rara

Aún hoy se carece de un método eficaz para combatir ciertas terribles enfermedades

Enrique Chaves Carballo
Médico

El paciente calificaba, sin duda alguna, como un VIP (persona muy importante, por sus siglas en inglés): era nada menos que el líder espiritual de una de las iglesias protestantes del país, con una congregación de millones de feligreses. Acababa de regresar de una larga gira alrededor del mundo cuando, tanto él como su esposa, notaron ciertas dificultades con su lenguaje y su memoria, algo inesperado en un hombre dotado de gran inteligencia y admirable forma de expresión.

Aún más inquietante era que durante su viaje había estado en Nueva Guinea, visitando a un grupo de indígenas que habían sido en otros tiempos caníbales y que sufrían de una enigmática enfermedad llamada por ellos kuru, que significa "pérdida del equilibrio". Kuru había sido investigada por el doctor Carleton Gadjusek de los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus siglas en inglés), quien propuso que esta enfermedad era causada por un "virus lento", cuyo período de incubación se medía en años y hasta en décadas. La enfermedad era crónica y progresiva a la vez, dejando finalmente a sus víctimas inmóviles y dementes.

Muerte piadosa. Temíamos que el enfermo pudiera sufrir de algo parecido, pero apenas acaba de regresar de su viaje y no había transcurrido tiempo suficiente para que la enfermedad fuera el resultado de un virus lento. Pasaron los días y las semanas sin que lográramos llegar a un diagnóstico específico, pese a innumerables pruebas y consultas con los especialistas más reconocidos de la región. Hasta fue necesario poner guardas alrededor de su cuarto en el hospital, porque llegaban toda clase de chamanes, brujos y otras personas de buenas intenciones que traían "curas milagrosas" para aliviar a este querido y respetado líder religioso de su terrible enfermedad. Después de varios meses, el enfermo quedó reducido a un inválido que no podía hablar, andar o ayudarse en sus tareas más básicas. Al final, la muerte llegó piadosamente para terminar con tan penosa enfermedad.

Asistimos todos los que estuvimos involucrados en el caso a presenciar el examen patológico, con la esperanza de que se pudiera encontrar alguna explicación satisfactoria. Después de examinar cuidadosamente los tejidos con el microscopio, el patólogo nos informó que el cerebro parecía una esponja: lleno de huecos microscópicos, y que nuestro paciente había sido víctima de una rara enfermedad llamada Creutzfeldt-Jakob (por los apellidos de los médicos que primero la describieron).

Nuevos agentes. Más adelante, tuve la oportunidad de escuchar al doctor Stan Prusiner, profesor de Bioquímica en la Universidad de California en San Francisco, hablar sobre el descubrimiento de un nuevo tipo de agentes infecciosos (diferentes de las bacterias, hongos, parásitos, riquetsias y virus) a los que bautizó con el nombre de priones. Los priones, a pesar de no tener material nucleico, están compuestos de proteínas capaces de reproducirse y de destruir lentamente los tejidos cerebrales. Por su trabajo pionero, que logró cambiar radicalmente nuestros conceptos clásicos acerca de las infecciones, el doctor Prusiner recibió en 1997 el Premio Nobel en Medicina-Fisiología. Hoy sabemos que los priones son los causantes de la enfermedad de las vacas locas, kuru, Creutzfeldt-Jakob y otras raras dolencias neurológicas, clasificadas en conjunto como las "encefalopatías espongiformes transmisibles" (EET). Desafortunadamente, no teníamos entonces ni tenemos todavía un método eficaz para combatir estas terribles enfermedades.

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