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Mirada en Valencia Emilio Garreaud Sacerdote El interés del mundo estuvo en días recientes en la ciudad española de Valencia por dos eventos: un accidente ferroviario por descarrilamiento de dos vagones en el metro, con más de 30 muertos, y una gran concentración de familias del mundo, donde más de 1 millón de personas manifestaban su fervor católico. Aunque resulte paradójico, estos acontecimientos se entrelazan y cuando recordemos a uno aflorará el otro. Una vez más constatamos que "Dios escribe derecho con líneas torcidas", como diciéndonos que también en el ámbito familiar se conjuga esa dinámica del dolor-alegría. Dios no quiere el mal, solo busca el bien para nosotros, pero de los males se puede valer para sacar bienes. Y es en el dolor donde nos podemos encontrar con Dios y la solidaridad en medio de la familia. Abstracción y realidad. Es claro -como decía C.S. Lewis- que "el sufrimiento no es bueno en sí". El planteamiento del dolor como algo abstracto y lejano se enfrenta a la realidad del hombre que sufre quebranto de manera real. Cada "sufrimiento es una realidad única que llama a una singular solución". Nadie lo quiere, pero cuando uno lo experimenta puede también hallar fecundidad y encontrarse solidariamente unido al hermano, en especial a los de su familia. Esta perspectiva la expresaba el papa Benedicto XVI cuando escribía que "al conocer con profundo pesar la triste noticia del accidente en el metro de Valencia, que ha llenado de luto a tantas familias, ofrezco sufragios por el eterno descanso de los fallecidos y pido al Señor que conceda consuelo y serenidad a quienes lloran la pérdida de sus seres queridos". A los pocos días llegaría a Valencia el Pontífice para participar en el Encuentro Mundial de las Familias. Proclamó que "la familia, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, expresa esta dimensión relacional, filial y comunitaria, y es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral". Habló a los padres respecto a su misión educativa. Les dijo que "aunque nadie responde por otro, sin embargo los padres cristianos están llamados a dar un testimonio creíble de su fe y esperanza cristiana. Han de procurar que la llamada de Dios y la Buena Nueva de Cristo lleguen a sus hijos con la mayor claridad y autenticidad". Privilegio en la familia. Nos recuerda que el desarrollo integral de la persona se da de manera privilegiada en la familia y que la salud social crece en medio de ella. Sostuvo que "la experiencia de ser acogidos y amados por Dios y por nuestros padres es la base firme que favorece siempre el crecimiento y desarrollo auténtico del hombre, que tanto nos ayuda a madurar en el camino hacia la verdad y el amor, y a salir de nosotros mismos para entrar en comunión con los demás y con Dios". El futuro de toda nación se fragua en medio de la vida familiar. En la realidad costarricense, en la que esta institución está herida ante la fácil disolución del matrimonio y el aumento de "uniones de hecho", es bueno dejarnos iluminar por las enseñanzas que han surgido en este Encuentro Mundial de Familias. No nos dejemos ganar por ese halo desalentador; estos acontecimientos son un bálsamo de esperanza. Que hermoso sería que las familias de Costa Rica se vean alentadas por tantos testimonios de familias y por las grandes enseñanzas que han surgido de este encuentro. Y, si hay dificultades o dolores, pueden encontrar su esperanza en Dios Trinitario, que es Familia.
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