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Explicando a Zidane Millones de espectadores -aun cuando el mundo los ignore- también jueganVíctor J. Flury Cuando Zidane, maltratado en el hombro, le pidió a Domenech salir del campo de juego, alrededor del minuto 75, y el técnico le dijo: "Tenés que seguir, sos el líder", algo en Zizou imploraba ayuda. Hasta ese momento, el jugador había cumplido: su equipo, con él dentro de la cancha, no perdía; su desempeño, en el ya anunciado último partido, resultaba digno; y su ida oportuna lo dejaría al margen del trámite angustioso de los alargues y acaso de la muerte súbita de los penales, en uno de los cuales podía fallar y estropearlo todo. Entonces comprendió qué difícil es driblar al propio hado y supo que, de aquí en más, el partido sería una amenaza mortal a su gloria, con el agravante de que los ladrillos psíquicos que lo sostenían empezaban a derrumbarse. Igual hizo de tripas corazón y corrió cada metro cuadrado, escondió la bola, casi anota (lo que prueba que la lesión fue un invento). Una disculpa. Hay instantes en que la mente pierde la comunicación con el cuerpo. La sobrecarga de tensión que a ratos acosa al individuo suele paralizar la actividad de su centro de transmisión de mensajes, ubicado en el cerebro, y deja en libertad fobias, impulsos de agresión inesperados. Yo creo que esto le ocurrió a Zidane, y que su lado oscuro, autodestructivo, actuó a contravía para lograr aquello tan deseado: escapar del suplicio. ¡de la forma que sea! Cabe agregar que el citado lado oscuro es muy astuto; y que ese algo en Zizou que imploraba ayuda, escuchó el insulto del italiano Materazzi y encontró ahí, justo y a punto, la persona, el lugar y el momento para estallar. Lástima, porque el maestro que nos ofreció la alquimia de un discurso muscular único y de un futbol depurado y lúcido, se fue de espaldas a su historia. De la manera que muestran las fotos, taconeando por un túnel que se parece demasiado al Purgatorio. Zidane no debe ser juzgado, sin embargo, por un acto de ofuscamiento. Si uno pesa los méritos y errores del futbolista, a lo largo de 17 años de carrera profesional, los primeros inclinan la balanza de modo categórico a su favor. Nos debe, sin embargo, una disculpa por la escandalosa reacción del 9 de julio. No ante la FIFA ni sus compañeros o adversarios, sino ante la afición, esos millones de espectadores que -aunque el mundo los ignore- también juegan.
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