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Comentario del evangelio: Una respuesta entusiasta Luego de un breve sumario, el evangelista destaca el inicio de una nueva etapa en la predicación de Jesús, en la cual va ofreciendo mucho más de su tiempo a sus discípulos. Esto es, de esos Doce a los que él llama y a los que les encarga un anuncio a cumplir mediante una misión a la que van de dos en dos. La austeridad de los enviados es evidente, pero además, es claro otro dato: su misión será a veces exitosa y otras no lo será. A veces serán escuchados y en otros momentos no será así. Pero sea como sea, su anuncio preparará la visita de Jesús y su proclamación del Reino. Finalmente, se anuncia que los Doce realizarán milagros. O sea, una serie de signos que tienen la finalidad de prolongar la actividad mesiánica de su Maestro. El texto de hoy, sencillo y a la vez retante, nos lleva a meditar en torno a algunos puntos que destacamos a continuación. Primero, el elemento vocacional. El Señor llama. El propone un llamamiento que es acogido por algunos y, en concreto, por doce hombres que asumen un rol de discípulos cercanos al Maestro. Nótese la ausencia de presiones y de plena libertad de los llamados. Ante la invitación acceden e inician su aventura de respuesta y de cumplimiento de una misión. La respuesta libre y consciente los anima a darse y a no quejarse demasiado cuando las cosas no lleguen a ser tan fáciles como se esperaba. Segundo, la escasez de recursos. Es claro que aquellos enviados contaban casi sólo con ellos mismos. Sin estructura alguna, ni recursos adicionales. Solo lo esencial y un ingrediente que a veces falta a los cristianos de hoy: entusiasmo de cara a la misión encomendada. Un entusiasmo que hacía posible la obediencia inteligente y el ardor renovado. Un anhelo de cara a la transformación del mundo que los hacía sólo pensar en dar lo mejor de sí, hubiera o no la respuesta deseada. Finalmente, un anuncio y unos signos. El mensaje es claro: hay que ser mejores, retornar nuestra mirada hacia el Dios que libera y que es capaz de planificar la vida del hombre que camina. ¿Signos? Pues los sigue habiendo: el ejemplo de los santos modernos, la luz de la caridad hecha a los más urgidos, la vitalidad de los nuevos movimientos eclesiales, las conversiones diarias de tantos y tantos, en fin, todo cuanto muestra hoy día que no todo está perdido y que no todo es pesimismo y fatalidad. ¡Una palabra de vida que nos debe animar! Roguemos todos a Nuestra Señora del Monte Carmelo su intercesión eficaz para hacer nuestro este mensaje que la Iglesia nos propone para hoy. P. Mauricio Víquez Lizano.
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