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Terrorismo y derechos humanos

Suprema Corte de los EE. UU. hace prevalecer los derechos humanos aun en tiempos de guerra

Fabián Volio


La Suprema Corte de EE. UU. resolvió el 29 de junio que no es posible denegar a los presos de la guerra de Afganistán e Iraq detenidos en la base militar de Guantánamo la protección de sus derechos humanos otorgada por las Convenciones de Ginebra. La Corte, en el caso Hamdan contra Rumsfeld, declaró inconstitucional y contrario al Derecho Internacional la decisión de la Administración Bush de crear tribunales militares especiales para los acusados de terrorismo; esto, porque, aun frente a delitos deleznables, toda persona tiene derecho a un juicio justo desarrollado bajo las más estrictas reglas procesales que garanticen el ejercicio de sus derechos humanos.

Esta es una de las más importantes decisiones del tribunal contra el Gobierno más poderoso de la Tierra porque restablece la división de funciones entre el Poder Ejecutivo y el Judicial, e impone al derecho internacional de los derechos humanos por sobre las reglas locales. La inaceptable tesis derrotada por la Corte sostiene que esos presos son "combatientes enemigos" y, por ello, están excluidos de la protección que otorgan las convenciones de Ginebra. Pero resulta que estos detenidos no eran todos soldados regulares ni irregulares de un ejército capturados en combate, sino personas (desquiciadas o sanguinarias, sí) que desarrollan actos terroristas, por lo que debieron ser enjuiciados y, eventualmente, condenados por tribunales civiles.

Espurios argumentos. Todo comenzó con las vergonzosas opiniones corredactadas para el Departamento de Defensa por John C. Yoo, ahora profesor de Berkeley (y alabado por los opositores costarricenses al TLC), que brindaron los espurios argumentos legales para permitir la desprotección de estos acusados. El profesor Yoo fue asistente de Clarence Thomas, considerado como uno de los más conservadores magistrados de la Suprema Corte de los EE. UU., quien ahora votó en contra del detenido con esos argumentos.

El magistrado Thomas dijo en la audiencia oral convocada para publicar la sentencia que "la decisión de la Corte limitaría gravemente la habilidad del Presidente de enfrentar y derrotar un nuevo enemigo mortal". Con ello, el dúo Yoo-Thomas justifica violar los derechos humanos si se considera que la causa es buena, cuando la tesis de los demócratas es la contraria: para defender una causa justa debemos respetar los derechos humanos.

Consideramos que la democracia es un sistema de medios y que las garantías judiciales son los medios más importantes del sistema porque colocan a todos los ciudadanos en igualdad de condiciones frente a la ley, y les protege el ejercicio libre de sus derechos, aun cuando hayan cometido horrendos crímenes.

Riguroso cumplimiento. No se trata de fomentar la impunidad de los terroristas, que nadie defiende, sino de asegurarse que vayan a prisión y dejen de matar inocentes, pero después de demos- trarles sus actos bárbaros en un tribunal de justicia imparcial, preexistente, y de cumplir con rigor el derecho a un debido proceso legal. En la democracia no existe ningún impedimento formal o sustancial para juzgar y condenar a todos los delincuentes, a los raterillos y a estos terroristas. Pero sí existe un infranqueable instrumental ideológico que impide abusar de una persona o de sus derechos como medio para enviarlo a prisión. Los demócratas no emulamos a nuestros enemigos. Los vencemos con nuestras reglas de libertad, igualdad y justicia.

De nuevo la democracia resplandece precisamente en los momentos más duros. Contra los terroristas decimos con fuerza: ¡Viva la democracia! ¡Vivan los derechos humanos!

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