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Un desarrollo más justo

En el país cotizan más, en términos relativos, los sectores de ingresos más bajos

Alberto Salom Echeverría
Diputado

Un buen amigo me preguntó por qué el Estado costarricense no se dedicaba a ordenar las finanzas públicas; en buenas cuentas: ordenar el gasto y mejorar la recaudación de los impuestos, en lugar de establecer nuevos tributos, que siempre constituyen materia odiosa.

En el PAC pensamos que la tasa impositiva que tiene Costa Rica es muy baja, si la comparamos con la de otros países de similar tamaño y problemas sociales y económicos. Se ha dicho que esa tasa oscila entre el 12% y el 13% del PIB y que debería ascender al menos a un 15% o 16%. No obstante, pensamos que es cierto, como me lo planteó mi amigo, que el desorden fiscal, tanto en el gasto social como en relación con la recaudación, merece atención especial. No estoy de acuerdo con él en que no se luche simultáneamente por aumentar la tasa impositiva respecto al PIB, básicamente por una razón que paso a explicar.

Ni eficiencia ni eficacia. La estructura tributaria nuestra simula un cono invertido: ancho en la base y angosto, muy angosto en la cúspide. Es decir, aquí cotizan más, en términos relativos, los sectores de ingresos más bajos. Técnicamente, dicha estructura es regresiva en dos sentidos: primero, en cuanto que proporcionalmente el esfuerzo tributario recae en los sectores de más bajos salarios y, segundo, en cuanto que los beneficios que deberían derivarse de la recaudación e inversión que hace el Gobierno de los impuestos no llega con eficiencia ni eficacia a los sectores sociales que más requieren la ayuda del Estado.

Se sabe que impuestos como el de ventas son altamente regresivos y, por ello, injustos; el peso del tributo cae inmisericorde y contradictoriamente sobre los sectores a los que se pretende beneficiar. Para que haya un desarrollo más justo y equitativo, es menester erigir una estructura de tributos de carácter progresivo, mediante la cual contribuya más al fisco el que más tiene. Esto es fácil de decir, pero difícil de concretar porque hay un pulso político con una cúpula económica avariciosa y egoísta.

Este criterio de carácter general, se lo he expresado con meridiana claridad al ministro de Hacienda, don Guillermo Zúñiga, a quien además le he dicho que en las actuales circunstancias, los diputados del PAC exigiríamos del Gobierno señales claras de austeridad; sólo así votaríamos una propuesta de nuevos tributos, que, como acabo de señalar, tendrían que ser inconfundiblemente progresivos y estar caracterizados por la simplicidad, hasta donde ello sea posible en esta materia de por sí compleja.

¿Hacia dónde apuntar? En el transcurso de los últimos 15 ó 20 años, uno de los sectores que más se ha beneficiado económicamente es el sector financiero privado ligado a la banca. Al amparo de la figura de la banca offshore, unos pocos han amasado verdaderas y jamás conocidas fortunas en el país, compitiendo deslealmente con el resto de los bancos privados que no participan de ese negocio, así como con las entidades bancarias estatales. Los dueños de los bancos privados offshore no pagan impuesto sobre la renta; ni un centavo le entra al fisco por este concepto. Igualmente, no están encajados y, por añadidura, el famoso "peaje" que deben pagar a los bancos del Estado para que sea invertido por estos en desarrollo para la pequeña y mediana empresa, es burlado una y otra vez pues los privados depositan los recursos un día, y por la noche (operaciones conocidas como overnight) sacan la plata; o bien depositan los capitales diseminados en varias entidades bancarias estatales a fin de dificultar la planificación de estos sobre los recursos.

Aquí tenemos un inmenso "hueco negro" que debe ser explorado por el Ministerio de Hacienda con prontitud, si lo que se quiere no es solo recaudar plata, sino invertir la pirámide tributaria para tornarla más justa. Este pulso político habrá que echárselo con esa cúpula financiera que ha crecido a espaldas de la realidad social del país.

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