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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Los más renombrados periódicos del mundo han editorializado sobre la última escena del último acto de Zinedine Zidane. El tema ha sido planetario. Recojo lo escrito por The Independent (Reino Unido): "Lo que el futbol necesita no es la reforma de sus reglas, sino el renacimiento de su espíritu. Que uno de los más grandes jugadores, padre de cuatro hijos, consciente de que el menor de sus gestos, la más pequeña expresión de su cara es escrutada por una audiencia televisiva de más de mil millones de personas, se puede transformar en un cuarto de segundo en un bribón agazapado en la sombra, nos muestra hasta qué punto el juego más popular del mundo está a punto de perder no solamente la cabeza, sino igualmente su conciencia". La gran lección figura en nuestro editorial de hoy: "Ni siquiera Zidane, el mejor del mundo, está por encima de las reglas". Esta es la cuestión. Si esta hubiera sido la norma constante en la lucha contra la pobreza, la corrupción, la evasión de impuestos y el incumplimiento de deberes en la función pública, América sería un continente desarrollado. En cuanto a Zinedine Zidane, el dolor y el mal ejemplo por su conducta son directamente proporcionales a la admiración universal y al pedestal en que estaba situado. ¡No hay escapatoria: la fama y la posición conllevan el deber y el honor del buen ejemplo! Es preciso, con todo, distinguir entre la falta cometida por Zidane en estado de emoción -el insulto cobarde de Materazzi, merecedor de un castigo ejemplar- y la frialdad o cálculo del agresor verbal y de quienes planean la comisión de un mal, por ejemplo, la manipulación de los partidos en el futbol italiano y la degradación programada de numerosos personajes e idolillos del mundo de hoy, que la publicidad disimula o exalta. ¿No hay países y multitudes, acaso, arrodillados frente a íconos, como dicen ahora, los famosos, cultos o semianalfabetos, que han hecho del escándalo, del vicio y hasta del crimen su más suculento negocio? Hay mucho de hipocresía frente a Zinedine Zidane. Actuó mal, no pudo reprimirse, en un partido decisivo, ante la provocación de un rival, pero los canallas del mundo son otros, sobre todo aquellos que con frialdad y cálculo usan su fama o su posición para degradar y pervertir, principalmente a los niños y a los adolescentes, con la complicidad de sus cortesanos y de los pregoneros de sus fechorías y de su mal ejemplo. La recuperación de la conciencia, como clama The Independent, no es solo tarea del futbol. Es un imperativo actual para evitar la debacle de lo humano: un cabezazo en el pecho de lo más sagrado. ¡Nos has puesto a pensar, Zinedine Zidane!
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