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Ganamos con la bola de piedra

Densidad, inmortalidad y fuerza de una más de las inigualables culturas precolombinas

Amalia Chaverri


Justamente el día en que Costa Rica perdía el juego contra Polonia se inauguraba en París el Museo Quai Branly, y en su vestíbulo lucía espléndidamente la esfera del Diquis, una "embajadora de piedra", como la llamé en otra ocasión.

Dos esferas o bolas, una de cuero y otra de piedra, jugaban en las "grandes ligas" representándonos en dos fenómenos culturales, bastante diferentes entre sí (pero hechos culturales al fin), que corrieron paralelos en Europa y cuyo origen, preparativos, desplazamien- tos y consecuencias merecen compararse, sin que ello implique juzgar el desempeño de la Selección, ya suficientemente analizado.

Del sueño a la pesadilla. El fenómeno de la clasificación, entrenamientos, contrataciones, entretelones, crítica y viaje de la selección al mundial fue largo y harto conocido: despliegue mediático constante y abundante, toneladas de papel impreso, eslogan y cantos alusivos, camisetas tanto para recién nacidos como para los usuarios del extra-extralargo, banderas, banderitas y banderotas, concursos, apuestas y mil etcéteras. Como colectividad, al saber que inaugurábamos el Mundial, nos unimos, solidarizamos y soñamos. El sueño se convirtió en pesadilla, el momento añorado (pasar a octavos) fue efímero, y la colectividad salió herida.

El proceso de la bola de piedra duró dos años, fue un trabajo entre dos entidades culturales (dos museos); fue un proyecto silencioso, acucioso, solucionando aspectos legales y administrativos propios del sistema, enfrentando minuciosidades y sutilezas en la traducción de documentos, sufriendo preocupaciones por el envío de la esfera (más de 2 toneladas con el embalaje incluido) y también mil etcéteras desconocidas por el gran público. Los medios dieron cuenta del acontecimiento en su justa medida. Los pocos gastos que correspondieron a nuestro país salieron del exiguo presupuesto del Ministerio de Cultura, y todo el resto (transporte, seguros, viaje de la comisaria, estadía) lo asumió el Gobierno de Francia.

Dignidad y orgullo. Las características de estos dos momentos, cuya preparación en tiempo fue similar, cabalgan sobre los siguientes opuestos: fugaz vs. perdurable, dispendioso vs. frugal, bullicioso vs. silencioso, rimbombante vs. decoroso; uno con estilo de jolgorio en contraposición a otro con espíritu de calma y eficiencia. Estas oposiciones dieron como resultado englobante, por un lado, un sentimiento de desilusión y mil cuestionamientos al respecto, y por otro. un momento que dignificó a Costa Rica y que nos llenó de orgullo bien entendido.

Ganamos con la esfera de piedra. Y seguiremos ganando durante los próximos 5 años que permanecerá en París, bellamente iluminada, instalada sobre una plataforma negra y cuadrada que destaca su esfericidad y colocada en el inmenso vestíbulo pintado de blanco del Museo, en un lugar de honor, a escasos 10 metros de la placa conmemorativa. En esta ocasión, y por "muchos goles", ganó la cultura.

Su mensaje es silencioso, inmóvil, pero perdurable. Será su esplendor pétreo, como dije en otra ocasión, el que mostrará al mundo la densidad, inmortalidad y fuerza de una más de las inigualables culturas precolombinas.

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