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Kinocola a diputados Juan Fernando Cordero jfcordero@nacion.com Nuestros ilustres legisladores, muchos de ellos con la etiqueta de "nuevo" todavía pegada y oliendo aún a papel de envolver, se fueron de vacaciones. Ignoramos si hubo fiesta de la alegría o si se repartieron tarjetitas de "Feliz receso" antes de salir, pero en este momento departen con sus familias, mientras en los pasillos de Cuesta de Moras se oyen aún los ecos de besos, palmadas y nostálgicos hasta luegos. Han sido dos meses agotadores (dos meses y 10 días, para ser exactos y justos) de haberse echado el país a cuestas y eso no es cajeta. Tal vez no sea de diván de psiquiatra, pero sí al menos requiere una sesión de masaje tailandés, una visita a un terapista legislativo (que debe de haberlos) o cuando menos un chapuzón en las playas del Coco. Todo está muy bien, que lo disfruten, si no fuera porque, seres humanos imperfectos a fin de cuentas, todos terminamos haciendo odiosas comparaciones. De modo que, si hay receso, debe ser un receso inclusivo y solidario. Si no, ¿qué les vamos a decir a los cortadores de caña, con sus extenuantes jornadas a sol y humo? ¿Qué contestarles a los trabajadores de construcción, cuando pregunten bajo la lluvia por qué ellos deben esperar 12 meses para tomarse un merecido descanso? ¿O a los peones de lechería, cuando divaguen sobre estas cosas raras a las 4 de la madrugada, mientras traen a las vacas del potrero? ¿Qué les decimos? ¿La misma trillada historia de que todos somos iguales, pero que hay unos que son más iguales que otros? Tal vez haya algunas posibilidades para no causar resquemores, como, por ejemplo, pasar las vacaciones escolares de medio año para mayo, cuando nuestros diputados cumplen 12 meses de laborar. Cualquiera de las soluciones requeriría posiblemente mayoría calificada, de modo que, mientras se logran los 38 votos para decidirlo, la Dirección Ejecutiva del Congreso podría repartir cucharaditas de Kinocola en el plenario, o pegarles en los pupitres el siguiente versito para cuando regresen: El diputado está llorando. La diputada está llorando / El diputado y la diputada con delantalitos blancos / Han manchado sin querer su curul de diputados / ¡Ay, su curulita de oro, ay, su curulita dorada! / ¡Ay, cómo lloran y lloran!, ¡ay, ay, cómo están llorando!
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