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Ladrones de casas también retienen a sus moradores A rehén de 62 años la envolvieron en una sábana durante 30 minutosActividad ha crecido 290 por ciento entre el 2003 y el 2006 Otto Vargas M. ovargas@nacion.com A "Victoria", un ama de casa de 62 años de edad, la mano que rodeó su cuello la dejó sin aliento durante segundos que le parecieron una eternidad. "Usted aquí no grita ni se mueve porque me la vuelo. Vea bien lo que voy a hacer", advirtió el desconocido mientras dejaba caer, en el tambor del revólver, varios proyectiles dorados.
Pasaban de las 6:30 p. m. del 12 de junio, y la señora acababa de convertirse en rehén de la banda que saqueó su casa, en un residencial de La Unión, Cartago. "Ese día salí a hacer una visita. De regreso, frente a mi casa vi un carro blanco, un Hyundai idéntico al de un amigo de mi hijo. "Por eso, no me pareció extraño que los portones estuviesen abiertos y entré como si nada. Ahí me topé a un hombre. Llevaba la cara cubierta con una media ( panty)", contó la señora. Esa escena, cada vez más recurrente, desvela a la policía. En los primeros cinco meses del 2006, las personas que han terminado privadas de su libertad por asaltantes de casas se cuentan por decenas en San José. Entre enero y mayo del presente año, en 117 de las 622 casas josefinas saqueadas por hampones hubo moradores retenidos. Atrapada. Mientras le apuntaba a la cabeza, el hampón que amenazaba a doña "Victoria" pidió a gritos que le trajesen una sábana. "Me lanzaron boca abajo y me envolvieron. Ataron la sábana con un nudo sobre mi cabeza. Yo sentí que me ahogaba; me faltaba el aire. No tenía miedo por mí, sino por mis hijos. "Ellos (los criminales) me advirtieron que a cualquiera que entrase en mi casa lo iban a tirar (le dispararían). Le rogué a Dios que les pusiera obstáculos a mis hijos para que se retrasaran", agregó. Ese tipo de delito parece no encontrar freno. En los primeros cinco meses del 2003, delincuentes entraron a 30 casas y redujeron a sus moradores; en el 2006, la cifra de casos ascendió a 117, según el OIJ. Así, la retención de moradores creció 290 por ciento en tres años. En el 83 por ciento de los casos (98 los asaltos) registrados este año, los ladrones portaban armas de fuego, como ocurrió en el caso de doña "Victoria". "Todos (eran tres sujetos) venían armados. En casa estuvieron una media hora. Uno de ellos me golpeó en la cabeza con la cacha del arma; me quedé en blanco. Cuando volví, todo estaba en tinieblas". "Como no me movía, uno de los hombres me sacudió. Seguro que pensó que yo me había asfixiado", explicó la señora. Mucha actividad. Con la dueña de casa atrapada en un envoltorio de sábanas, los ladrones aprovecharon el tiempo para prepararse unos emparedados y tomar café. "Tuvieron hasta tiempo de cortar el tomate. Escuché a uno llamar a su compañero para decirle que ahí le dejaba un sandwich". Mayo estableció una marca negativa en materia de asaltos en viviendas. Nunca antes, los ladrones habían agredido a tantos moradores en San José. Ese mes hubo 34 casos, entre estos el de "Orlando", un ingeniero mecánico que a brincos -por estar amarrado- y en ropa interior salió a la calle para pedir ayuda. "Uno siempre piensa que esto les puede pasar a los demás; nunca a uno mismo", puntualizó. En el país, apenas 5.012 viviendas están protegidas, de acuerdo con el Instituto Nacional de Seguros (INS). Esa institución ha pagado, este año, ¢20,3 millones por robos en 24 casas. A doña "Victoria", los ladrones le prometieron que regresarían. "No pudieron llevarse el horno porque no les cabía en el carro. Uno le dijo a los otros que lo dejasen, que después volverían. Antes de irse me dijeron: 'Señora, vea cómo se la juega y se desamarra'. "Mi casa ya no es lo mismo. A veces me da por llorar. ¿Por qué nos pasó esto a nosotros si no le hacemos daño a nadie. Ni siquiera denunciamos. ¿Para qué?", añadió.
Ataron a madre, dos hijos y yerno con cordones de tenis Otto Vargas M. ovargas@nacion.com Apiñados a un lado de una cama, atados con cordones y con la amenaza de que morirían si intentaban defenderse, los miembros de una familia desamparadeña soportaron, durante poco más de 45 minutos, la presencia de unos ladrones en su casa. El asalto ocurrió el 29 de junio a las 6:30 de la tarde, cuando la hija mayor, de 16 años, abrió el portón para recibir a su novio. "Unos tipos los agarraron por la espalda y los pasaron a un cuarto. Ahí los amarraron. Yo estaba en la cocina y escuché la voz de alguien que me dijo: 'Señora, suelte ese cuchillo'", dijo "Maritza", la madre. A ella y a sus hijos menores (uno de 12 años, y el otro de 9) los llevaron a un dormitorio y los ataron fuertemente con cordones de tenis. "Solo al menor lo dejaron suelto, pero quedó prensado entre mi hija y yo. Los tipos preguntaban por el dinero y las joyas. "Yo les respondí: 'Llévense todo lo que quieran, pero no le hagan nada a mi hijos'. Le pedí a Dios que me sacase esa gente de la casa. Estaban muy agresivos y nerviosos", explicó la señora. Los criminales registraron con calma la casa. Esculcaron cada rincón y dejaron un gran desorden. En la habitación, los miembros de la familia lidiaban contra el cansancio de la posición incómoda en la que quedaron. Los ladrones usaron las cobijas para envolver televisores, aparatos de DVD, dinero, joyas, perfumes y hasta chicles y chocolates. "No nos golpearon porque hicimos todo lo que nos pidieron. El polaco (vendedor de mercadería a plazos) nos salvó. "El polaco pasó frente a la casa y pitó. En ese momento, el hombre que aguardaba en el carro silbó. El tipo que nos cuidaba en la habitación gritó: '¡Viene gente!'. En ese momento arrancaron y se fueron. "A mi hijo menor le pedí que trajese un cuchillo para soltar las amarras. Sentí mucha cólera y una impotencia enorme", concluyó la dueña de casa. Paliza. "Orlando", un ingeniero mecánico de San Francisco de Dos Ríos, no tuvo tanta suerte. Tras convertirse en rehén de unos ladrones y recibir una paliza, salió a brincos a la calle -estaba atado y en ropa interior- en pos de auxilio. Él dormía una siesta cuando un golpe -al parecer una patada sobre la puerta- lo despertó. "Vi en el marco de la puerta a dos hombres armados. Pasaron miles de cosas por mi mente: un secuestro, sicarios, una venganza... Fue un momento terrible", expresó. Los hampones no le dieron tiempo de defenderse. A golpes, lo inmovilizaron. La paliza terminó cuando el ingeniero fingió estar inconsciente. Con el cordón de una lámpara, lo ataron para después cubrirlo con una cobija. "Eran tantas las ganas de llevarse lo que pudieran, que arrancaron y dañaron algunos electrodomésticos . "Me abrieron la cabeza de un golpe; mi cara quedó amoratada y pasó varios días inflamada". "Orlando" considera que, más que sus bienes, los sujetos se llevaron su tranquilidad. Por eso se mudó de casa. Minutos antes del ataque, su esposa había salido con su hijo de cuatro meses. "Fue mejor que ellos no hayan estado; los hubiera defendido como fuese. Ahora me siento nervioso. A veces tengo fantasías de que me vuelven a asaltar. Uno queda con un gran sentimiento de revancha", concluyó.
En pocas palabras Francisco Segura Director INTERINO del OIJ 'Ha aumentado la violencia' La tendencia de robar en casas, pese a la presencia de moradores, viene en crecimiento. ¿Desde hace cuánto notaron ustedes la existencia de ese fenómeno? Desde hace unos cuatro años. Antes, al ladrón, uno le encendía la luz o le tocaba la ventana, y huía: ahora no. Entra, amordaza, golpea, roba y se va. Es gente que llega dispuesta a lo que sea. Eso hace que el criminal sea más peligroso. Por supuesto. Son pocos los ladrones que no están dispuestos a un enfrentamiento. La estadística es clara: en casi el 85 por ciento de los casos, los hampones portaban armas de fuego. Ellos ya saben a lo que van. Ante esa realidad, entonces, nadie está seguro en su casa... La intención de los ladrones es no complicarse la vida. Van a preferir las casas solas, pero, si se topan con un habitante, lo privan de su libertad. ¿Cómo debe actuarse en un caso de esos? Es preferible no enfrentarse al delincuente. De lo contrario, existe el riesgo de que alguien resulte herido o muerto, y quien lleva las de perder por lo general es la víctima. "El hampón aprovecha el elemento sorpresa. La gente no está en su casa con un arma en la mano a la espera de un delincuente. "De todas formas, es preferible perder la computadora, el televisor o lo que sea, que ser lesionado o, en el peor de los casos, muerto. ¿Cómo deben las autoridades enfrentar el problema? Un alto porcentaje de asaltos se evitaría con más patrullaje y policías en la calle. Esto desanimaría al criminal. "No es posible que los ladrones se den tiempo para cargar un auto y nunca pase una patrulla. La gente también debe estar muy atenta. ¿Atenta?: ¿cómo? Los ladrones ya no tienen mala apariencia. No andan en carros destartalados, y las bandas usan vehículos de alquiler pues son menos llamativos.
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