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Ladrones saquean hasta ofrendas de los cementerios Se llevan piedras, placas, imágenes, letras y esculturas de mármolEl Cementerio General y el Obrero, en San José, son los más afectados Mercedes Agüero R. maguero@nacion.com Los ladrones han dejado a un lado el miedo y el respeto por los muertos y arrasan con imágenes, esculturas, agarraderas, placas y hasta los nombres de las tumbas. El Cementerio General y el Obrero, ubicados al sur de la capital, son los más saqueados.
En el Obrero, por ejemplo, la semana anterior se metieron a robar cinco noches seguidas. Piezas de bronce o cobre son preferidas por los ladrones, quienes las venden a fundidoras. En Desamparados, Guadalupe y San Pedro, las municipalidades también han debido redoblar la seguridad en los cementerios para reducir los robos. La peor parte quizá la haya llevado el Cementerio General, que alberga obras artísticas de incalculable valor, como esculturas de mármol y bronce. En ese lugar se encuentran tumbas de varios expresidentes y próceres de patria. En julio del 2000 fue declarado Patrimonio Histórico y Arquitectónico de Costa Rica. No obstante, los ladrones no respetan tal distinción. Al monumento de León Cortés le robaron la antorcha, un escudo, una placa y la leyenda de bronce que decía: Home-naje del Pueblo Costarricense. Asimismo, de la tumba de Ricardo Jiménez se llevaron unos broches y un Cristo de bronce. A la bóveda de Bernardo Soto la dejaron sin las cadenas que la rodeaban y las argollas de bronce de la lápida. Otros objetos muy apetecidos son las argollas de bronce que se colocan en las lápidas, y esculturas de mármol puestas sobre las tumbas y que superan los ¢5 millones.
Sin identificación. Doña Rosa María Conejo, vecina de Santa Ana, ha sido una de las afectadas por los robos en el Cementerio General. "Robaron letras de bronce que decían: Familia Ruiz Conejo, colocadas sobre la bóveda. Parece que fue alguien del cementerio, y lo agarraron con las letras en las manos. Me costaron ¢45.000", precisó. Agregó que, por consejo de la Administración, ha decidido no volver a poner la leyenda. Según el administrador del lugar, Manuel Roldán, las sustracciones han bajado drásticamente desde que, en noviembre anterior, se cambió el personal de seguridad. También contribuyó la instalación de cámaras de vigilancia.
Mientras tanto, del Cementerio Obrero se han llevado unas 200 placas de aluminio con los nombres de los fallecidos. En ocasiones, por desprender las piezas, despedazan las bóvedas o les dejan orificios. Una placa de metal cuesta entre ¢12.000 y ¢15.000. Con la reparación de la bóveda, el costo del daño sube a unos ¢30.000. La placa de mármol cuesta entre ¢30.000 y ¢40.000. También se han robado imágenes, floreros y las cadenas que rodean tumbas y tributos. El Cementerio Obrero tiene unas 3.550 propiedades, entre tumbas y nichos. "Durante la noche no hay vigilancia porque un guarda poco puede hacer", expresó Jorge Arturo Sánchez, presidente de la Junta Administrativa del cementerio. Añadió que, hasta hace poco, indigentes y "chicheros" dormían bajo el techo de la capilla. "Hacían desastres y luego se acostaban a dormir. Eso se eliminó y hemos puesto orden", finalizó. Cámaras vigilan el Cementerio General Desde abril de este año, el Cementerio General está vigilado por cámaras de video. El camposanto abarca nueve hectáreas y alberga unas 5.600 tumbas, por lo que su resguardo es difícil. Debido a los múltiples robos, la Junta de Protección Social de San José (JPS) invirtió unos $130.000 (¢67 millones) en el nuevo equipo de vigilancia. Cada cámara tiene un radio de acción de 200 metros y graba día y noche. Sus imágenes se envían a una sala donde están los oficiales de seguridad de la JPS encargados de monitorear el sitio. José Eduardo Leitón, encargado de Seguridad de la Junta, afirmó que, con las cámaras y el cambio de personal de seguridad, los robos bajaron. "Hemos identificado a gente que quiere llevarse pequeñas esculturas de bronce y mármol", detalló Leitón. Los últimos robos detectados afectaron las piedras con las que se construyó la acera del costado norte del cementerio alrededor del año 1850. Esas piezas se esculpieron a mano. De acuerdo con el encargado del área legal de la Junta, Roland Tapia, cada pieza de 40 por 60 centímetros tiene un valor de entre ¢50.000 y ¢75.000. "Hemos tenido que rellenar la acera con concreto", explicó. Agregó que reciben dos o tres denuncias de robo por mes. El departamento legal de la JPS es la administradora del Cementerio General y procesa las denuncias, pero no repone los artículos robados. Las pólizas del Instituto Nacional de Seguros no cubren pérdidas por robos, por lo que corresponde a cada deudo reponer las ofrendas.
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