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Profesión e inversión extranjera Los profesionales, más que nadie, necesitan la llegada de inversiones extranjerasFederico Delgado La década de 1990 al 2000 tuvo una de las mayores expansiones económicas a nivel mundial en la historia. En Costa Rica lo mejor fue el incremento exponencial de inversión extranjera directa. Nuestro país logró adquirir un importante nicho en el mundo como destino de ese capital, proveniente particularmente de industrias de alta tecnología. De un poco más de $150 millones en 1990, la inversión saltó a $662 millones en el 2002, con un 61% perteneciente al sector manufacturero. A su vez, este aumento de inversión extranjera impulsó a Costa Rica -al igual que a otros países- hacia la adopción de los muy discutidos tratados comerciales. El incremento de negocios a nivel internacional demanda mercados más fluidos para sus transacciones, tanto materiales como financieras, y los gobiernos del mundo han respondido en estos últimos quince años. Sin embargo, la moral del cuento sigue siendo materia de debate entre costarricenses, y varía siempre de acuerdo con quien la cuente. Por más acertados que sean los argumentos, siempre habrá otros que los contradigan. La economía, después de todo, puede dar la impresión de ser una ciencia exacta, pero está lejos de serlo en la práctica. No obstante, existe un sector de la población que puede atestiguar mejor sobre los efectos reales de esta tendencia. Es aquel que más ha sido afectado por ella. Me refiero a esos costarricenses que, después de varios años de esfuerzo, se levantan una mañana para recibir un pedazo de cartón que certifica que están listos para entrar al mundo profesional. Todos, salvo algunos muy dichosos, se enfrentan entonces con ese temible pensamiento: "excelente, pero ahora ¿qué?". Universitarios ante la inversión. Aunque habrá quienes nunca tendrán respuesta fácil a esa pregunta (soy bachiller en Historia, créanme), la gran mayoría de graduados universitarios -que pertenecen a las ingenierías y administraciones- han encontrado consuelo por la presencia de compañías extranjeras. Sin estas, no existiría ni la infraestructura ni el capital necesario para absorber a la mayoría de nuevos profesionales. Actualmente, el sector privado emplea cerca de un 80% de la población laboral, cuya gran parte está en empresas de capital extranjero. El capital extranjero ha realizado en los últimos diez años una labor que el capital nacional no ha podido. Sin apertura comercial, ¿perdemos esto? Otra vez, un sinfín de argumentos económicos existen a favor o en contra. Pero es indiscutible que sin más apertura nos será más difícil atraer inversión. Aunque no desaparezca, debido al ambiente sociopolítico o al nivel educativo de la población, nuestro país se encontraría con una desventaja comparativa muy deprimente. A veces, sin embargo, es muy difícil convencerse con argumentos académicos de las cosas que nos afectarán. Por eso, cabe regresar al punto de vista del graduado universitario, aquel que, entre el desgaste y el sacrificio de un título, alimenta ilusiones. Muchos de estos prefieren, entonces, aprovechar las oportunidades disponibles y no esperar fortunas improbables. El paralelo con la situación de Costa Rica es claro. Aceptar las tendencias de la economía mundial, con nuestra inclusión en presentes y futuros acuerdos comerciales, no sella nuestro futuro. Es preciso estudiar, alcanzar una profesión y lanzarse al mundo del trabajo. Es solo un paso hacia una realidad que deberíamos tomar y aceptar. Desde un punto de vista económico, así se sostiene la producción nacional y se impulsa el consumo. Estos nos enseñan cómo crecer. Es necesario seguir su ejemplo.
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