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El país que necesitamos

Cada día que Costa Rica pase sin TLC estamos perdiendo competitividad

Marco Vinicio Ruiz
Ministro Comercio Exterior

Si hacemos un intento por encontrar factores de unidad entre los costarricenses, con facilidad podríamos concordar en que sentimos unánimemente que la lucha contra la pobreza es el objetivo más impor- tante de nuestra sociedad y que el crecimiento económico sostenido del sistema productivo es la única forma de lograrlo. Esa visión de nación nos encadena y nos compromete a todos. Añoramos una sociedad equitativa llena de oportunidades para progresar, con grandes inversiones públicas y privadas que den origen constante a una generación masiva y sostenida de empleos con mejores ingresos para todos.

Costa Rica es una pequeña nación. Su mercado interno no tiene capacidad para respaldar un crecimiento sostenido, por eso su sistema productivo debe crecer orientado hacia afuera. Nuestra potencialidad de crecimiento y desarrollo está en el mercado externo. El mundo es nuestra única fuente de recursos: lo que vendemos, los turistas que nos visitan, las inversiones que atraemos. Esa primera gran verdad nos llega desde nuestra primera historia cafetalera y nos obliga a cultivar con atención y cuidado a nuestros grandes socios comerciales, en especial al más importante: Estados Unidos. Es una condición indispensable para progresar.

Eso explica el TLC y le da fundamento y urgencia a su ratificación en la Asamblea Legislativa. Sin embargo, no es el aspecto meramente comercial del tratado lo que tendrá mayor impacto en Costa Rica y en las condiciones de vida de los costarricenses.

Proceso intenso. El producto exportado es apenas el acto final de un proceso intenso de transformaciones internas nacionales. La así llamada agenda de desarrollo del TLC se debería llamar agenda del desarrollo nacional pues es la que realmente va a facilitar la transformación de la sociedad con las oportunidades que nos abre el TLC.

Para aprovechar el tratado debemos modernizar la plataforma productiva, mejorar la competitividad, desarrollar la infraestructura, actualizar la base tecnológica y la agricultura. Para sacar partido de las oportunidades que abre el TLC, necesitamos encadenar todas nuestras empresas, desde las más pequeñas hasta las más grandes, para que participen en todo el proceso de formación de valor de los productos. Para sacar ventaja de las oportunidades de empleo que abre el TLC, necesitamos rendir el máximo del gran caudal del capital humano y profesional, mejorar el sistema educativo, brindar capacitación productiva actualizada a la población adulta y mejorar la infraestructura social.

El otro lado de la moneda es igualmente claro: sin TLC tampoco habrá agenda de desarrollo porque sin estas oportunidades exportadoras no existirán ni el aliciente a la inversión privada que la demanda ni los recursos públicos que la hacen posible. La pérdida de esta oportunidad, única en nuestra historia no es simplemente que algunos pocos exportadores tendrán menos oportunidades de exportar, sino que toda Costa Rica dejará de modernizarse, de mejorar su infraestructura, de generar empleos, de actualizar y diversificar sus sistemas educativos de forma masiva y financiada a largo plazo.

No estamos solos. Otro aspecto no menos importante es que no estamos solos. En los pocos meses posteriores a su ratificación por su Asamblea Nacional, se han aprobado más de $1.700 millones en préstamos para el desarrollo de infraestructura en Nicaragua. En estos meses la inversión privada se ha multiplicado por cuatro comparada con los años anteriores. Y ese no es el único país con quien competimos, ni el más dinámico.

El Salvador, Guatemala y Honduras tienen también una agenda de desarrollo o complementaria muy ágil de desarrollo nacional.

Cada día que pasa sin la ratificación legislativa del tratado, Costa Rica pierde competitividad frente a nuestros vecinos. Nuestra historia pacífica y de gran inversión educativa nos permitirá retomar con fuerza la iniciativa pérdida si el TLC es ratificado rápidamente. Si no pagaremos graves consecuencias. Muy pronto el miedo al cambio que nos ha tenido agarrotados será sustituido por el terror al atraso, a quedarnos rezagados. Ojalá no sea demasiado tarde.

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