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En Vela Julio Rodríguez envela @nacion.com Entre las muchas experiencias del Mundial en Alemania, clausurado ayer, sobresale el retorno de multitudes a la niñez. Todos, al fin de cuentas, llevamos un niño dentro. Sin importar la edad, la posición social, el renombre o el anonimato, buena parte de la humanidad siguió con emoción los giros de un balón con el dictado de la cabeza y la ejecución de los pies. Se hicieron apuestas, se variaron los horarios de trabajo, se intercambiaron postales, se suspendieron congresos y actos religiosos, se emplazó al papa Benedicto XVI, alemán y obispo de Roma, si "iba" con Alemania o con Italia, y los grandes del mundo se dieron cita en los estadios en Alemania. Los incrédulos y timoratos posiblemente entendieron el alcance imparable de la globalización, de la mano, esa vez, de una bola y de los medios de comunicación social, y la confluencia universal hacia la competencia de 32 selecciones nacionales, precedidas por dos años de lucha, entre más de 200 países, para clasificar, nos hizo entrever la posibilidad de la paz, del encuentro de culturas y, ¿por qué no?, de un partido entre palestinos e israelíes, en representación de sus países, rumbo al Mundial del 2010 en Sudáfrica, o bien entre otras naciones separadas, interna y externamente, por el odio. En las postrimerías de este Mundial, la Unión Europea y la FIFA suscribieron un acuerdo histórico: promover el desarrollo económico y social de África, al conjuro del Mundial en Sudáfrica. ¿Lirismo? Recientemente, Jeffrey Sachs enunció los más graves problemas sociales de África que, con organización, planeamiento y solidaridad, se pueden resolver. Al fin de cuentas, el futbol, tan simple, consiste, en esencia, en un espectáculo de creatividad y de sentido de equipo, de libertad y de solidaridad, de talento y de táctica. Estas potencias humanas, en un marco de normas, hacen milagros. Y ¿Costa Rica? Nuestra participación en este Mundial nos documenta un doloroso diagnóstico: en 1990, en Italia, luchamos y vencimos con honor; en Corea, en el 2002, nos estancamos; en Alemania, en el 2006, retrocedimos y regresamos con deshonor por fallas técnicas y éticas. ¿No pasó lo mismo en la política nacional por muchos años? Despilfarrada la herencia, ¿no estuvimos "comiéndonos el futuro"? Y, hoy, ¿no está un sector reducido, pero vocinglero, dominado por el miedo y la cultura del NO, empeñados en describirnos el infierno y el purgatorio, sin atisbos de un pedazo de cielo por conquistar? Costa Rica a la vista.
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