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Caída de salarios reales La única forma de aumentar sostenidamente los salarios es incrementando la producción y controlando la inflaciónEn los últimos dos años, el salario real de los trabajadores costarricenses (descontando la inflación) cayó un 4,8 por ciento según cifras de la Caja Costarricenses de Seguro Social, tal y como reportamos el pasado martes. Esa mala noticia exige reflexión y reconsideración de las políticas económicas y sociales. La solución, sin embargo, no debe ser simplista. No estriba en decretar ajustes salariales compensatorios por encima de la inflación, ni estimular el gasto público o crédito bancario más allá de lo que demanda el crecimiento de la producción. Esas acciones podrían, más bien, atizar la inflación y, a la postre, reducir aún más los salarios reales. Procede, en consecuencia, puntualizar las causas del deterioro y señalar las correspondientes soluciones. Las principales causas se asocian con la evolución de las variables reales de la economía (producción, inversión, empleo), así como la conducción de las políticas fiscales, monetarias y salariales durante los dos últimos años de la administración Pacheco. Anteriormente, la situación era diferente. El salario real (promedio) de los trabajadores creció sostenidamente desde diciembre de 1996 hasta mediados del 2004, gracias al crecimiento saludable y diversificado de la producción (servicios, turismo, industria, atracción de inversiones de alta tecnología etc.) y una estabilidad relativa de precios, alrededor del 10% anual. Pero el mejoramiento de los salarios se interrumpió a partir esa fecha para comenzar a descender y perder, dos años después, un 4,8% del incremento real logrado durante el lapso de expansión. En estos dos últimos años, el índice de precios al consumidor ascendió muy por encima del promedio de la década anterior: un 13% en el 2004 y un 14% en el 2005. En cambio, los salarios nominales solo se ajustaron moderadamente en ese mismo período. En el 2004, aumentaron un 3,5% en el primer semestre y, en el segundo, un 5% . Sin embargo, la inflación interanual fue del 13%. En el año 2005 se decretaron dos aumentos del 4% cada uno, pero la inflación ascendió al 14%. Y el deterioro acumulado, según anotamos, fue casi el 5% como consecuencia precisamente del desfase entre las políticas monetarias y de ingresos. La interrogante, en retrospectiva, es si habría sido mejor ajustar los salarios nominales o, alternativamente, aumentar la producción y controlar la inflación para mantener los salarios reales. La respuesta debe buscarse ciertamente en la segunda de las alternativas. Si se hubieran aumentado los salarios nominales en los mismos porcentajes en que aumentó la inflación, sin controlarla, en vez de incrementar los salarios reales, más bien se habrían deteriorado, pues se habría acelerado la inflación por la vía de los costos. La experiencia (y la teoría) demuestran que en la carrera de precios y salarios, los segundos van a la zaga y, siempre, al final pierden la partida. No precisamente por decreto se restituyen o mejoran los salarios reales. La única forma de aumentarlos sostenidamente es incrementando la producción y controlando la inflación. Se deben establecer, además, otras políticas complementarias. Desafortunadamente, en todas ellas hubo fallas durante la administración anterior. Fallaron en las políticas fiscales pues, en vez de cortar gastos improductivos o innecesarios, sacrificaron la inversión pública y los gastos sociales en menoscabo de las clases menos favorecidas. Además, fallaron (junto con otras administraciones) en el diseño e implementación de otras políticas públicas que afectan de manera indirecta los ingresos reales de los trabajadores costarricenses. Una de ellas es la política de inmigración. Como bien planteó el director del INE, Víctor Hugo Céspedes, en nuestro reportaje, la afluencia numerosa de extranjeros aumenta la oferta de trabajo más rápidamente que la demanda por trabajadores y se deterioran (o no crecen) los salarios reales. Y de ahí se desprende la necesidad de regular la inmigración, aspecto que aún no ha calado en el Congreso. Tampoco han calado las otras reformas necesarias para mejorar las políticas monetaria, fiscal y otras que estimulen la inversión y el crecimiento, como la ratificación del TLC. Mientras estas reformas no se aprueben, ni se mejoren las políticas públicas al amparo de la legislación existente, no mejorarán los salarios reales. Y se podría caer en la tentación de recurrir al fácil y engañoso expediente de subir, por decreto, los salarios nominales, en un círculo vicioso del que no se podría salir muy fácilmente.
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