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Asesina de tico purgará cadena perpetua Aceptó haber asfixiado a ingeniero con la almohada que puso en su caraHomicida era ejecutiva en una prestigiosa empresa de seguros Otto Vargas M. ovargas@nacion.com Heather Lavelle, asesina confesa del ingeniero costarricense Christian Rojas Murillo, purgará cadena perpetua, de acuerdo con el fallo de un juez de un tribunal del condado estadounidense de Bucks, en Pensilvania, EE. UU. Lavelle, de 35 años, es la segunda persona enviada a prisión por el asesinato, luego de que esa misma instancia judicial aplicó la misma sentencia a Raymond Savage (39 años). La pareja asesinó a Rojas en un complejo de apartamentos de Bensalem, Pensilvania, el 24 de agosto del 2005. Durante la audiencia -a mediados del mes pasado-, el juez Rea Boylan lamentó que una ejecutiva con un alto puesto en una compañía aseguradora terminara convertida en una homicida. De acuerdo con el diario estadounidense Buck County Courier Times, en su declaración inicial Lavelle culpó del homicidio a Savage al decir que al momento del crimen ella estaba fuera de la habitación. Sin embargo, después cambió la versión y admitió haber colocado una almohada en la cara del tico mientras Savage lo sostenía. Rojas recibió múltiples golpes con una manopla de metal. Los homicidas además lo dejaron atado de pies y de manos. La Policía estableció que al tico lo mataron con el fin de quitarle dinero para comprar crack. La pareja escapó del apartamento con el carro de Rojas, $1.500 en efectivo y otras pertenencias de menor valor. Cambio. Heather Lavelle fue descrita durante el juicio como una mujer inteligente, tanto así que escaló hasta convertirse en la mano derecha del vicepresidente de una poderosa compañía aseguradora. En la universidad se graduó como ingeniera agrícola. El psiquiatra Richard Saul -quien atendió a Lavelle- llegó a la conclusión de que la mujer se vio afectada "por una niñez turbulenta, un consumo de drogas que comenzó a los 12 años y un fallido matrimonio". La adicción al crack afectó su desempeño laboral y no tardó en perder su empleo. Con el tico hizo amistad meses antes del crimen, pero Rojas procuró apartarla de su vida. La mujer aceptó los cargos ante el Tribunal, temerosa de que le impusieran la pena de muerte. Christian Rojas era originario de San Carlos.
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